Una pequeña contribución en recuerdo de Sor Susana Guillemin, H.C.

[Provincia de San Vicente, Italia] En el 50 Aniversario del fallecimiento de Sor Susana Guillemin, me gustaría expresar algunos pensamientos pero, sobre todo, dar la palabra a la que vive en nuestro recuerdo como “Profeta” de la Pequeña Compañía. Hoy, como ayer, su testimonio de vida y sus palabras son verdaderamente coherentes con el lema: “Entregadas a Dios, en comunidad, para el servicio de los pobres”.

Todavía tenemos un largo camino que recorrer para concretizar sus pautas para la Pequeña Compañía y parece que ella nos insta a recordar, “el Evento es Dios”. Deseo mencionar sus palabras a las Hermanas Sirvientes:

“En el momento presente el silencio es muy denigrado y combatido. Y, sin embargo, no hay nada tan grande, nada profundo, aún fuera de la vida religiosa, nada ¿cómo diría? “fructífero” en esta tierra que no se haga dentro del silencio.

Si los sabios no se rodeasen de una zona de silencio, no podrían, no serían capaces de hacer avanzar la ciencia. Es algo que ahora no se comprende bastante. Hay sacerdotes, religiosos inclusive, que han acabado por no comprender el valor del silencio. ¡Se ha hablado tanto, y no sin razón, de la necesidad de los intercambios fraternos! ¡El Santo Padre ha promovido tanto la cuestión del diálogo – diálogo que, por lo demás, él enfoca de manera muy distinta a como se interpreta y aplica-!… que se ha llegado a olvidar lo que es la base: el silencio personal, sin el cual lo otro, es decir el diálogo y los intercambios, no pueden existir. Cuando nos reunimos con otros para hablar, el diálogo no podrá establecerse, los intercambios a que lleguemos, no tendrán valor alguno, a menos de haber sido previamente preparados para una comunicación interior de cada uno de nosotros con el Señor, que es lo que se llama silencio.

Porque el silencio no es otra cosa que eso; el silencio no es el vacío, algo que se desocupa y se acabó. El vacío no es nada, de suyo es negativo. El silencio es esa zona de soledad interior que nos permite encontrar al Señor, anudar el contacto con Él. No podemos perder en nuestras vidas el valor del silencio (“Sor Susana Guillemin, H.C. Escritos y Palabras” – Instrucciones a las Hermanas Sirvientes “La Ascesis de las Hijas de la Caridad “pág. 413-414).

Gracias, Señor, por haber dado a la Pequeña Compañía  este “don precioso” que ha sido el paso por la tierra de Sor Susana; concédenos comprometernos a realizar sus enseñanzas evangélicas. Este será el mejor modo de que su memoria siga viva.

Sr. Paola Mollo H.C.

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