Camino de Compostela – Un camino que transfora

[Provincia Madrid-Santa Luisa] Este verano como Hijas de la Caridad en los Centros Penitenciarios y junto a dos voluntarios, nos propusimos un nuevo reto: hacer el camino de Santiago con Internas. La meta era profundizar en la inserción y terapia que afrontamos en la Pastoral Penitenciaria, que realizamos dentro del Centro Penitenciario Madrid – I.

La unión de los voluntarios y las favorables circunstancias, tanto por el director del Centro, como desde la Secretaria General de II Penitenciarias, el proyecto fue apreciado y la propuesta aprobada. En las reuniones con el Subdirector de Tratamiento, fuimos perfilando la realización, recorrido, presupuesto, normas a seguir… número de participantes: seis Internas que estuvieran saliendo de permiso al piso de acogida, o que participaran en los cursos. En el mes de mayo todo el grupo; Felipe (Educador del Centro) Chelo (Psicóloga) Manuel (Hermano Marista –) Sara, Eva, Sonata, Wendie, Lizeth, Sonia (voluntarios) y yo, vimos los objetivos formativos que buscábamos, se trataba de una experiencia educativa como la que realizamos en el Centro. El perfil de las Internas era el de personas que habían tenido problemas con el consumo de drogas e historias de maltrato.

El día de la salida, el grupo respiraba normalidad, nos sentamos en el autobús y disfrutamos del paisaje y de la compañía. El viaje hasta Tuy duró todo el día, un pueblo medieval espectacular, que atravesamos hasta llegar a la casa de acogida que tienen nuestras Hermanas, situada a las afueras enfrente de la Catedral, allí nos organizamos en tres equipos, que se encargarían de las tareas de avituallamiento los días que correspondiera.

Iniciamos dándoles un cuadernillo personal, con los temas a tratar y espacio para que escribieran cada día un pequeño diario de lo vivido. Esta primera reunión tenía el objetivo de actualizar nuestro planteamiento inicial, renovar nuestra vida ¿Qué quieres encontrar en este camino?Escribieron sus respuestas y algunas lo compartieron, en un ambiente expectante, alegre y relajado, preparados para iniciar, al día siguiente, los 32 kilómetros del primer tramo hasta llegar a Redondela. Salimos a oscuras del albergue a las 05:30 por el vacío Tuy. Al adentrarnos en el bosque, nos lanzamos a la primera actividad educativa planeada: un tiempo de silencio para dejarnos inundar de lo que nos rodeaba mientras la claridad se iba imponiendo a la noche.

¡Es increíble lo que nos perdemos cada día al amanecer! Los olores, el ruido del agua, los pasos, el golpeteo de los palos, los primeros cantos de los pájaros… y al final de esta contemplación de la naturaleza cada día la bendición (milenaria) del peregrino, he aquí algunas de sus bellas palabras:

“Te pedimos que te dignes guardar a estos siervos tuyos que, por amor de tu nombre, peregrinan a Compostela, se para ellos compañero en la marcha, guía en las encrucijadas, aliento en el cansancio… ”cada etapa vivida se fue acumulando en el grupo, como la experiencia nunca pensada, ni siquiera soñada; ellas expresaban continuamente: sentirse verdaderamente libres, sin estigmas, que aún en sus salidas de permiso, lo sienten como una losa pesada, o bien como suelen decir “un sello que nos identifica” pero estos días eso ha desaparecido, nos sentimos totalmente integradas, aceptadas, queridas, formamos parte de la sociedad, como el resto de peregrinos, nosotros somos el grupo de Alcalá de Henares.Iniciamos entrevistas individuales. Fueron importantes y profundas porque eran temas íntimos e importantes de la vida pasada, y poco a poco, se encendía una luz sobre un modo de vida nuevo, renovado para el futuro próximo, al salir de prisión. Los encuentros favorecían una atmosfera donde se daba un encuentro mayor con uno mismo, necesario para vivir con mayor plenitud. Por último, quedaba el tramo final, Santiago de Compostela; atrás dejamos, Tuy, Redondela, Pontevedra, Caldas de Reis, Padrón. Fue emocionante, la iglesia llena de peregrinos venidos de todo el mundo. ¡Habíamos conseguido el objetivo!

El camino ha supuesto unas vivencias y unos vínculos que no se romperán, siempre estarán dentro de cada uno de nosotros; todas han escrito desde lo más profundo del ser humano, relatos tan íntimos, dolorosos, desgarradores, tan carentes de cariño, de escucha y de Amor, que nos ha hecho afianzarnos en la fe y la esperanza de que nada en este mundo está perdido, todo puede volver a recobrar vida, ilusión, entusiasmo, ganas de vivir y de seguir luchando, si cuentas con el apoyo, el acompañamiento y el AMOR incondicional de quienes están a tu lado, para levantarte cuando lo necesites, y para caminar juntos en busca de otros objetivos que den sentido a una nueva vida.

Sor M.ª de Cortes Astasio Lara – Hija de la Caridad
Coordinadora del Área Social de P. Penitenciaria

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