Albergue San Vicente de Paul A.C. “Descansar, comer y unos tenis para seguir su camino”

[Provincia América Sur] A pesar de las nuevas medidas de control migratorio el paso de emigrantes por el Estado no ha disminuido”, señaló Elisa Blas Alvarado, mejor conocida como “Doña Licha”, voluntaria desde hace 30 años en el Albergue San Vicente de Paul A.C., ubicado en La Venta del Astillero, Jalisco. Según cifras del Instituto Nacional de Migración (INM) unos 120 mil centroamericanos cruzan cada año por México.La semana pasada llegó un emigrante que dijo que los habían secuestrado como a unos ocho y que él oía cuando los golpeaban, gracias a Dios, él fue liberado”. La entrevistada aseguró que“los agarran para quitarles lo poquito que traen. Muchas veces llegan enfermos de gripe o del estómago; con sus zapatos rotos y sucios, mal olientes de tanto sudor, con sus labios secos; llegan en un estado muy deprimente”.

Diez voluntarias atienden en el Albergue San Vicente, que el próximo mes de julio cumplirá tres décadas de su fundación por los Padres Misioneros Vicentinos. Cada semana se reciben entre 50 y 60 personas para descansar, comer, recuperarse y continuar su camino. “En primer lugar les ofrecemos baño, ropa limpia para que se cambien, una cena y su cobija; y también algún medicamento, si necesitan. Pueden quedare dos o tres días, pero si están enfermos o buscaron un trabajo para conseguir dinero, son bien recibidos por el tiempo necesario.

La ruta del sueño 

Algunos se pasan la voz y llegan directamente al Albergue, otros son enviados por personas de la comunidad que conocen la labor de las Vicentinas. Muchas son las historias, que ha escuchado doña Licha de boca de los propios protagonistas. De acuerdo con sus registros la mayoría provienen de Centroamérica: Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala; además, se ha visto un incremento de personas originarias de Chiapas y Veracruz que quieren ir al país del Norte.

¿Por qué pasan por La Venta del Astillero? “Vienen en tren desde México, Chiapas hasta Guadalajara, ahí tienen que bajarse antes de llegar a la estación. De ahí, vienen caminando, por la vía o por la carretera y llegan a La Venta. Descansan y saben que solo pueden ir en tren hasta Magdalena o La Quemada; lugar donde el tren se detiene un poco o camina más lento. En La Venta muchos tratan de subirse, pero el tren pasa muy rápido y es peligroso, igual que en Guadalajara”. Entre los accidentes de tren, doña Licha recuerda a un joven de El Salvador que, en la capital de Jalisco quiso subir al tren, se cayó y el tren le cortó una pierna; un lamentable hecho que fue compartido por uno de los emigrantes, amigo del joven, que llegó al albergue.

Las razones principales por las que las personas dejan su patria, familia y cultura son la pobreza, la falta de oportunidades e inseguridad. “Algunos han tenido buenos trabajos, pero hay una mafia de personas que les quitan su dinero y si no les dan, los amenazan. El año pasado, por estas fechas, pasó una familia; trabajaba en una joyería y tenía un hijo que trabajaba en una fábrica, cuando él no quiso darles ya dinero lo mataron. Entonces, la amenazaron a ella y decidió irse. Estuvo aquí como un mes. Después, nos habló desde Estados Unidos y dijo que ella fue directamente a Migración, les contó su problema y la apoyaron con un permiso para trabajar y beca para sus dos hijos”, relató la señora Elisa Blas.

Al cruzar México los emigrantes, además de la problemática en su país de origen, viven un calvario. “Dicen que cuando llegan a México los mismos policías les quitan su dinero. Y si traen tenis ‘buenos’, se los quitan también en el camino. A veces llegan enfermos de tifoidea, porque beben agua de donde sea; otros llegan lastimados porque los han golpeado. En realidad, ellos huyen de tantos problemas, no solo económicos sino sociales”.

¿Cuál es tu necesidad?

En el albergue lo que más se necesitan son tenis, ropa interior, chamarras y suéteres. Para la comida, el DIF nos ha estado apoyando con víveres y leche; gracias a Dios, hemos conseguido cobijas, porque cuando se van se les tiene que dar su cobija. Siempre les digo a los conocidos que si tienen unos tenis que ya no usan, les den una lavadita y nos los den. No les vamos a dar algo que no sirve o sucio, ellos tienen su dignidad. A veces les damos cosas que no necesitan; entonces, debemos preguntarles, cuál es su necesidad.

Tenemos unas experiencias muy bonitas con los emigrantes, porque son muy dignos de respeto. Ellos no te piden dinero, te piden trabajo; te piden un taco, unos tenis… Para el emigrante, su mayor necesidad es descansar, comer y unos tenis para seguir su camino.

Actualmente, el albergue está compuesta por dos cuartos grandes, una oficina, cocina, espacio para el aseo personal y una terraza techada. Entre los proyectos está la construcción de una cocina con lugar para desayunar “vamos a empezar a buscar fondos”. Los ingresos para el sostenimiento de la casa son mínimos, solo lo que ellas producen y venden. “Económicamente no recibimos mucho apoyo, solo lo que nosotras conseguimos trabajando, haciendo tamales (más de 800 a la semana) rifas, tenemos un bazar de ropa que la misma comunidad nos regala y se vende para recaudar fondos, aunque solo sea para la luz”, dijo la entrevistada. Además, del apoyo de algunos bienhechores y en los últimos años, se ha contado con la ayuda del DIF y el Ayuntamiento de Zapopan.

De las experiencias, algunas son muy satisfactorias, porque Dios Nuestro Señor te da la oportunidad de servirle a Él mismo. En San Vicente de Paul, la formación que hemos tenido, de parte de los Misioneros Vicentinos, es que, al servir a un emigrante, servir a un pobre, es ver a Jesucristo en ellos; si nosotros no vemos a Jesucristo en ellos, jamás vamos a servirles con el amor que se merecen que se les sirva”, concluyó doña Licha.

Resumen tomado de www.hijasdelacaridad.net
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