Desafíos actuales – Las esclavitudes’ del tercer milenio

traffickingitalian[Provincia de Cerdeña – Italia] Aunque ya estamos de lleno en el Tercer Milenio, nuestra época no puede eximirse de enfrentarse con una terrible llaga social: el tráfico de seres humanos. Una nueva y más cruel forma de esclavitud que anula todo derecho humano, una realidad que tiene un fondo común, impregnado por una pluralidad de elementos sumamente tóxicos: violencia, imposición, dominio, explotación, que relega inexorablemente a una persona, reduciéndola  a “cosa”, a “producto”, a “consumo”.

Hace 14 años que me ocupo de este terrible fenómeno. Iniciado en el año 2000, acercándome a algunas jóvenes en las calles de la ciudad de Cagliari, dónde cada tarde, semi-desnudas y  ateridas de frío, esperaban a los clientes. Hoy, las Hijas de la Caridad tienen tres Unidades de calle, en las tres ciudades dónde están presente en Cerdeña la prostitución en calle: en Cágliri, Sásari y Olbia. Esta es la primera posibilidad de acercamiento a las jóvenes prostituidas. Nos acercamos a ellas por la noche, mientras esperan a sus clientes. Se les  ofrece no sólo un contacto humano, personal, sino  ser escuchadas sus historias, compartidos momentos de oración y se les presenta soluciones alternativas a la explotación. La edad de las mujeres contactadas es entre los 16 y 32 años: con predominio de nigerianas y rumanas; hace poco tiempo, hay también mujeres chinas y del Este. Cada vez, encontramos en las tres ciudades, unos 50/60 mujeres, obligadas a trabajar en la calle en una franja de horario desde las 19:00 a las primeras horas de la mañana.

Comunitariamente, nos propusimos este problema: ¿cómo es posible ayudar a una mujer y/o una menor a redescubrir el regalo de su dignidad de persona, destruida por la explotación y el  mercantilismo del propio cuerpo? ¿Qué estrategias de intervención, qué caminos de acompañamiento y qué obstáculos a superar?

Hemos comprendido que nuestra tarea es ser, en un mundo tan dramático como el del tráfico humano, ser signo de la presencia de Dios.  Las jóvenes nos piden apoyo y la oportunidad de hacerles ver, respetando su libertad, otros caminos y otro futuro. Nos piden ser con ellas, artistas de humanidad, para llevar a cabo la verdadera obra maestra de Dios bajo un pobre aspecto destruido, para acompañarles en la reestructuración de su identidad social, en el camino de una nueva vida que tiende a la verdadera libertad y a la plena autonomía.

Así nació la idea de abrir dos comunidades de acogida para estas chicas: una Casa Refugio  de primera acogida y una segunda casa de acogida, con actividades educativas diferenciadas con base a las necesidades expresadas de la víctima y según la fase del camino en que se encuentra. Las actividades se dirigen a la protección de la mujer con un apoyo legal,  psicológico, acompañamiento sanitario, la regularización de los documentos. En la casa de segunda acogida siguen cursos de orientación, de formación e integración socio-laboral con la activación de recorridos escolares y aprendizajes profesionales. Las residentes pueden construir los mismos objetivos de mejoría dentro de un espacio pedagógico pensado para ofrecerles un bienestar psico-socio-afectivo y religioso.

Nuestra misión no es sencilla; es larga y pesado. Hace falta mucha dedicación y paciencia, para recobrar lo que ha sido destruido y reconstruirlo. Como si estuviéramos frente a una maceta preciosa reducida a añicos, a recomponer lentamente y con gran amor y paciencia. Estas mujeres, que han vivido la experiencia de gran explotación y humillación, tienen más que nunca necesidad de una profunda curación interior hecha de comprensión, de misericordia, de amor gratuito y desinteresado, que no pide nada a cambio, que no juzga nunca y  menos condena, pero que acoge a la persona, tal y como es, para aliviarla de las heridas y reponer su confianza y esperanza.

La dificultad más grande que hallamos en  ir a su encuentro por un camino de liberación y lograr una sana autonomía, es un fuerte racismo todavía presente en nuestra sociedad: racismo que cierra las puertas a la acogida, a las inserciones laborales y de  vivienda.

Por esto, también damos una gran importancia al trabajo de sensibilización, sobre todo en las escuelas y en las parroquias.

A esta llaga, se añade hoy otra, igualmente grave: la reducción a la esclavitud de mujeres extranjeras por motivos laborales o familiares. Mujeres, que desde hace tiempo han estado segregadas en los lugares de trabajo en que a menudo padecen violencias psicológicas, físicas, a veces también acosos sexuales e incluso amenazas contra sus parientes. De lo contado por alguna mujer, huésped nuestra, sabemos que son obligadas a trabajar hasta 16-17 horas al día, sin el pago correspondiente en dinero, algunas son hospedadas en pequeñas pocilgas sin ventanas, ni aire, ni luz, sin ningún contacto con el exterior, solo con los empresarios, otras, vigiladas, con una sola comida al día. Nos ocupamos de estas mujeres desde hace algunos años, gracias a los bandos anuales promovidos por el Ministerio para la Igualdad de Oportunidades.

Con el Papa Francisco queremos gritar al mundo entero que el tráfico humano es un delito contra la “humanidad”.

Una Hija de la Caridad  de la Provincia de Cerdeña – Italia 

  

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