Oración Ecuménica

Preghiera Ecumenica[San Vincenzo – Italia] Desde hace algunos años, al final de la semana de oración para la unidad de los cristianos, la parroquia de Mortegliano, un pueblo cerca de Udine (en el Norte de Italia), celebra una vigilia de  oración “ecuménica”, presidida por el párroco y un pastor luterano. Este año el tema de la semana de oración fue “Dame de beber”, del Evangelio de Jesús y la mujer  Samaritana (Jn 4, 1-42). En la vigilia de oración participan también los jóvenes de secundaria. La vigilia empezó con un gesto significativo: se puso un recipiente al pie del altar que recordaba al pozo de Jacob y los dos celebrantes con dos jarros echaron agua en él. Después los niños también echaron agua con una botella que habían traído de su casa. Este gesto representó a cada cristiano que, a pesar de venir de “fuentes” diferentes, intentan juntarse en la unidad. Los niños presentaron también tres signos que simbolizan lo que une a todas las confesiones cristianas: una Biblia,  símbolo de la Palabra de Dios que estamos llamamos a escuchar y que une a las diferentes confesiones; incienso, símbolo de la oración que sube hasta Dios; un delantal que nos recuerda el mandato del amor que nos insta a ponernos al servicio de los demás.

Con estos gestos quisimos transmitir a los niños la importancia de buscar lo que une en lugar de lo que divide, y cómo cada uno puede contribuir a construir la comunidad cristiana. Además, estos gestos reflejan también nuestra realidad como Hijas de la Caridad: cada una de nosotras tiene su propia experiencia, su manera de ser, su personalidad. A pesar de nuestra diversidad,  entramos juntas en la Compañía de las Hijas de la Caridad, llamadas por Dios para entregarnos a él en la Comunidad y servirlo en los Pobres. Estamos llamadas también a esforzarnos por construir y vivir en la unidad que es la armonización de las diferencias valorando los dones de cada una.

El pastor luterano comentó en profundidad el Evangelio de la mujer Samaritana. Nos recordó que todos necesitamos beber para vivir y esto depende de algo fuera de nosotros: los seres humanos no somos autosuficientes. El diálogo entre Jesús y la mujer Samaritana empieza con una equivocación, la mujer Samaritana sólo piensa en el agua material. En cambio, Jesús quiere decirle algo más. Lo mismo pasa a las personas hoy, a menudo intentan satisfacer su sed con agua que sólo la apaga en el momento, de una manera ilusoria, como el dinero, las cosas materiales, el éxito, la seguridad… El agua viva que realmente apaga la sed profunda del corazón de un ser humano sólo podemos encontrarla en Jesús que siempre está dispuesto a darla. De las personas depende aceptar ese regalo y vivirlo día tras día. Nosotras, las Hijas de la Caridad, estamos llamadas hoy a caminar junto a  personas sedientas y mostrarles el agua que da la plenitud a las expectativas de sus corazones. Pero esto sólo es posible si primero dejamos que Jesús apague nuestra sed todos los días. La vigilia de oración terminó con una súplica por las Iglesias cristianas que también podría ser apropiada para nuestras comunidades: “O Dios, haz a nuestras Iglesias (comunidades) acogedoras, dónde la fiesta y el perdón, la alegría y la ternura, la fuerza y la fe sean práctica diaria, alimento cotidiano y camino continuo hacia Jesucristo. Amén”.

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