(English) Annunciation

Anunciación

INTRODUCCIÓN

Por medio de María, Madre de Dios, “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Su SÍ a Dios, comenzó una nueva forma de vida: la vida en Cristo, el Hijo de Dios, que se hizo hombre. En Él tenemos la redención, en ella tenemos la ayuda y apoyo en nuestro camino por la vida. Una de las formas de vida que las Hijas de la Caridad de todo el mundo han elegido. Junto con el FIAT de María, Madre de Dios, nosotras, Hijas de la Caridad, también decimos SÍ a Dios cada año en el día de la Anunciación. Por amor a Cristo, le hacemos nuestros votos. Nos liberamos para ser enviadas por Dios a los necesitados y ayudarlos en sus necesidades materiales y espirituales. ¡Esta es nuestra alegría y felicidad! Que estos pensamientos sobre la Anunciación nos ayuden a orar una por otras y por todo el mundo.

 

“<em>Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27.a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28.Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo</em>”. (Lc 1, 26-28).

 

María, fue saludada, llena de gracia!

¡Nueva Eva, cuyo hijo venció a la serpiente!

Virgen, hija de Sion,

Gloria de Jerusalén,

Alegría de Israel,

Arca de la Alianza,

Santuario del Altísimo,

Madre del Hijo de David,

Madre del Rey de Israel,

Virgen, Madre del Emmanuel,

En el que la Palabra se hizo carne,

Bienaventurada entre las mujeres,

Humilde Sierva de Dios,

En el que el Todopoderoso hizo milagros.

Madre del Señor: te saludamos.

Madre de Dios, ¡María Inmaculada!

 

“<em>Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Di</em><em>os; </em><em>vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le da</em><em>rá el trono de David, su padre; </em><em>reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su rei</em><em>no no tendrá fin</em><em>»</em><em>.</em><em> María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá c</em><em>on su sombra; por eso el que ha </em><em>de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios</em>.” (Lc 1, 29-35)

 

Santa María, Madre de Dios,

tú has dado al mundo la verdadera luz,

Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.

Te has entregado por completo

a la llamada de Dios

y te has convertido así en fuente

de la bondad que mana de Él.

Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.

Enséñanos a conocerlo y amarlo,

para que también nosotros

podamos llegar a ser capaces

de un verdadero amor

y ser fuentes de agua viva

en medio de un mundo sediento. (Benedicto XVI, Deus Caritas es 42).

 

“<em>Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de </em><em>aquella que llamaban estéril, </em><em>porque ninguna cosa es imposible</em><em> para Dios». </em><em>Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»</em><em>. Y el ángel dejándola se fue</em>” (Lc 1, 36-38).

 

Al renovar nuestro Sí, nos confiamos a la Santísima Virgen, única Madre de la Compañía, estrella de la nueva evangelización que ilumina el desierto de este mundo. Que ella nos guíe en nuestro camino hacia el mundo de Jesucristo, la compañía de Jesús, la verdad de su palabra, el pan eucarístico que nos nutre, la confraternidad de la comunión eclesial, el ímpetu de la caridad”. (Sor Evelyne Franc, 2 de febrero de 2014).

 

A ti, Madre,

que deseas la renovación espiritual

y apostólica de tus hijos e hijas

en la respuesta de amor y de entrega total a Cristo,

elevamos confiados nuestra súplica.

Tú que has hecho la voluntad del Padre,

disponible en la obediencia,

intrépida en la pobreza

y acogedora en la virginidad fecunda,

alcanza de tu divino Hijo,

que cuantos han recibido

el don de seguirlo en la vida consagrada,

sepan testimoniarlo con una existencia transfigurada,

caminando gozosamente,

junto con todos los otros hermanos y hermanas,

hacia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso.

Te lo pedimos,

para que en todos y en todo

sea glorificado, bendito y amado

el Sumo Señor de todas las cosas,

que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

(Juan Pablo II, Vita Consecrata, 112)

 

Nuestra Señora, en la escena de la Anunciación, ¡rogad por nosotros