Santa Catalina Labouré y la Fe

Porta Fidei 1.comienzo

“La puerta de la fe” ( cf. Hech 14, 27) que introduce a la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia siempre está abierta para nosotros. Es posible franquear este umbral cuando la Palabra de Dios es anunciada y el corazón se deja modelar por la gracia que transforma. Atravesar esta puerta implica comprometerse en un camino toda la vida.       

La vida de Santa Catalina Labouré es una vida completamente entregada a Dios. Ella está llena de Dios en cada instante. He aquí algunos episodios de su vida que manifiestan su estrecha relación a Dios.

Desde su tierna infancia, se encomienda a Dios y le es fiel. De muy joven sufrió la muerte de su madre y fue confiada a una tía. Estuvo dos años lejos de su padre. A su regreso, cuando apenas tiene 12 años, participa en los trabajos de la granja y se convierte en ama de casa. La tarea es dura. Lo que mantiene a Catalina en sus responsabilidades y le da ánimo para asumir la gestión de la granja, es su Fe. Cada día, va a rezar a la iglesia de Fain en la que, desde de la revolución, ya no está la presencia real. Camina, habitualmente a pie,  los 2 km que separa a Fain de Moutiers para participar en la Eucaristía. Su vida está llena de Dios y esta presencia da sentido a todas sus acciones, a pesar de lo que puedan decir ciertas vecinas que ven los rezos como una pérdida de tiempo.

Después de su formación inicial como Hija de la Caridad, en 1831 Catalina fue enviada a un suburbio desheredado al sureste de París, para servir a los ancianos del geriátrico de la calle Picpus, en Reuilly. Allí está disponible para todos los servicios que le pidan: la cocina, la ropa, la gestión de la granja. Su principal función es el acompañamiento de las personas mayores.

“Es buena, hasta con los más desagradables, que tienen derecho a  atenciones particulares, hasta a una pequeña preferencia. Los veía, como eran: heridos que gritaban pidiendo socorro, golpeándose la frente contra las paredes y contra las personas, como niños a los que hay que devolver el ánimo y la autoestima de sí mismos”. El padre René Laurentin, Vida de Catalina Labouré, página 96.

Es por la fe, y por amor a los más pobres, por lo que Catalina resiste todas las dificultades, incomprensiones y adversidades, tanto comunitarias como las que provienen de las personas a las que sirve. En cada uno, ve el rostro de Dios y lo ama tal como es.

Porta fidei 14. 2º párrafo

La fe sin caridad no da fruto y la caridad sin  fe sería un  sentimiento de piedad. Fe y caridad se reclaman recíprocamente, así la una permite a la otra realizar su camino. En efecto, numerosos cristianos dedican su vida con amor a los que están solos, marginados, excluidos como a los que son los primeros a los que hay que ir, y lo más importante a sostener, porque es en ellos donde  se refleja el rostro del mismo Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en todos los que piden nuestro amor, el rostro de Dios resucitado. “En la medida en que lo hagáis a uno de estos, los más pequeños de mis hermanos, a mí me lo hacéis”, Mt 25, 40) 

Para una mayor información: Vida de Catalina Labouré: http://www.dailymotion.com/video/xfpo0k_medaille-miraculeuse-le-message-de-la-rue-du-bac_news