La comunidad de Fain-lès-Moutiers

Nuestra comunidad de Hijas de la Caridad llegó a Fain-lès-Moutiers en 1964. La casa natal de santa Catalina Labouré fue transformándose progresivamente en lugar de acogida con la misión de transmitir el mensaje de la Santísima Virgen a Catalina y para el servicio de los enfermos a domicilio. Hoy somos una comunidad de cinco Hermanas.

A los hombres y  mujeres de nuestro tiempo, en búsqueda de sentido para su vida, la Casa de Santa-Catalina ofrece un lugar de escucha, de intercambio y de encuentro para expresar sus interrogantes, su sed de profundizar en la fe cristiana. La comunidad está disponible para acogerlos y ponerse a su servicio. Recibimos a:

Personas de paso:

  • personas aisladas o familias que vienen para pedir y dar gracias por las curaciones,  conversiones, la llegada de un niño. Cuando no pueden desplazarse, nos confían sus intenciones familiares y profesionales por correo o por teléfono…
  • turistas curiosos que descubren una granja borgoñona y se sorprenden de encontrar un lugar con una historia, una presencia…
  • algunas veces peregrinos de los grandes caminos felices de poder hacer etapa…

Grupos muy diferentes, de todos los medios, de la región, de la diócesis de Dijon o de las diócesis colindantes que nos solicitan para un día, un fin de semana o algunos días de retiro. La  La irradiación fuera de las fronteras de la casa se debe, en particular, a los miembros de la Familia  Vicenciana – Hijas de la Caridad, Sacerdotes y Hermanos de la Misión y colaboradores seglares- que vienen de todo el mundo para renovarse junto a santa Catalina.

Esta misión de acogida la vivimos como Hijas de la Caridad, poniéndonos al servicio de los demás, con la preocupación de transmitir el mensaje de fe y esperanza confiado a santa Catalina Labouré y experimentado por ella. Compartimos este servicio con el personal seglar de nuestra casa y el voluntariado que nos ofrecen su colaboración cuando recibimos a grupos más numerosos.

Cuando hay visitas, no es raro ver a personas alejadas de la fe verse conmovidas interiormente; reconfortadas con la memoria de los recuerdos de la infancia, la primera comunión, una madre o  una abuela; algunos muestran la medalla que llevan desde hace  mucho tiempo… Las gentes  se confían fácilmente, porque saben encontrar en nosotras: escucha, discreción, benevolencia sin juzgar.

Toda la organización de nuestra vida comunitaria está en función de la acogida. La comunidad se construye día tras día por el don y el compromiso de cada una. Nuestros temperamentos son muy diferentes de carácter, historias y  recorrido personal, pero estamos unidas en la convicción de una misma llamada. En un mundo marcado por los conflictos y la violencia, nuestra vida comunitaria manifiesta que es posible establecer una verdadera hermandad en el respeto de las diferencias y la acogida recíproca.

La oración en común manifiesta nuestra fe en la presencia de Cristo viviente en cuyo nombre nos hemos reunido: la liturgia de las Horas, de la mañana y de la tarde, la oración cotidiana y la Eucaristía dos veces por semana con los fieles de nuestra parroquia… La capilla está abierta, el horario de los diversos servicios está visible y  acogemos a todas los que deseen unirse a nuestra oración.

Los que  franquean el portal de la casa pueden salir con una confianza renovada en María, Virgen Inmaculada y nuestra Madre, para vivir el evangelio en lo cotidiano y, a ejemplo de Catalina, ponerse al servicio de sus hermanos, en particular de los más desfavorecidos.