Misión El Porteño en Clorinda, Provincia de Argentina

Sabemos que la “misión” y la labor del misionero no son las obras sino el  “cómo”, el “por Quién”  y “para qué”. Sé que no descubro nada que no viváis las Hermanas desde vuestros respectivos contextos.

Somos una Comunidad de cuatro Hermanas: dos Hermanas argentinas, la Hermana sirviente de Uruguay y yo. Vivimos en una casita desde la cual salimos a nuestro servicio: Sor Elida en el Colegio de San José, Sor María Antonia en “San José” y en el comedor del barrio Toba (comunidad aborigen) y Sor Zulma y yo en Clorinda en el barrio El Porteño, junto a Paraguay. Sor Zulma se ocupa del Jardín de Infancia y yo de la visita a domicilio, visita a la prisión, clases de religión en los dos colegios y en el departamento de Religión. Los sábados por la tarde catequesis a un grupo de madres.

En la visita a domicilio procuro llevarles la cercanía de un Dios hecho ternura y misericordia, con mucha alegría porque creo que únicamente desde la esperanza y la alegría podemos mostrar el Reino que llega para ellos, en gestos pequeños, pero significativos.

Tenemos varios proyectos; uno la construcción de casas “con ellos” (con donativo de España), ya hemos construido siete; es muy importante motivarlos con micro-créditos, para que se vayan superando y a la vez colaborando con otros que están peor. Además de las casitas, llevamos “24 micro emprendimientos”, como los llaman aquí, y con lo que ganan devuelven 25 pesos a la semana (1€ = 6,20 pesos argentinos) para poder prestar a otros. Se trata de que compartan con quienes están peor y darle un sentido evangélico. No se pueden imaginar mi alegría cuando veo la sonrisa de una madre, o de una pareja joven, que estaban sin ilusión y sin horizontes, al proponerles un pequeño micro-emprendimiento, aunque solo sea vender tres cajas de fruta para ganarse unos pesitos al día.

Como los visito con mucha frecuencia, voy teniendo confianza y procuro ayudarles a otros niveles. Bendigo las casas, a las familias, en algunos lugares leemos el evangelio y les voy proponiendo la participación en la Eucaristía. Me preocupan las familias jóvenes, sin recursos y expuestos al alcohol… dialogo mucho con ellos y a veces vamos consiguiendo algo. Uno de los mayores problemas son las familias rotas con poquísimos recursos, con muchos hijos, de dos o tres compañeros, y a veces con gran absentismo escolar.

Estoy convencida de que todo lo tiene que hacer Él, por lo que la fuerza la experimento en la oración y en la Eucaristía, de dónde salgo con las fuerzas y la alegría suficiente para irme ilusionada cada mañana al barrio, muchos días voy caminando, 6 Km. y allí recorro el barrio toda la mañana. Yo misma no me conozco, antes no caminaba absolutamente nada, pienso que conmigo también ha hecho el Señor el milagro del paralítico, que no se movía y ahora no me canso de caminar. Unos días hago con Él el plan de dónde debo ir según las necesidades, pero otros, el itinerario me lo marca la gente, que me llama o me indica dónde hay un enfermo o una necesidad urgente a la que debo asistir.

Cuando conocí a Fidela de 29 años madre de siete hijos, con un cáncer de colon, llevaba ocho días sin tomar calmantes porque no tenía dinero para comprarlos. Hoy ha terminado la quimioterapia y se encuentra muy bien y con un pequeño negocio de comestibles.

 

 

 

Los dos colegios que tenemos las Hermanas con Primaria, Secundaria y Terciario, este último es de cuatro años de profesorado realizan una importante labor social ya que, el comedor de los Toba depende del Colegio Técnico San José y la guardería de El Porteño del Colegio de Santa Catalina. Además los Colegios tienen proyectos solidarios con las personas a las que atendemos.

Creo que el Señor trabaja continuamente en mí y en nosotros, con la fuerza de su Espíritu, también experimento la soledad del misionero que se genera por la incomprensión, la diferencia de mentalidades y de culturas, la inseguridad o la desilusión por la falta de constancia en el compromiso de la gente y tantas otras dificultades que la vida nos depara y que sin ellas habría que dudar si el trabajo diario está tejiendo el Reino, o si estamos siguiendo al Maestro que nos exige “cargar con la cruz de cada día para seguirle”.

Sor Constanza Roldán, HC