Cinco Rostros de Rosalía Rendu (1)

Rosalía Rendu fue una mujer extraordinaria. Aunque las numerosas biografías escritas son pobres en calidad. [1]] la energía, la creatividad, la fidelidad, la valentía de Rosalía irradian en los relatos de quienes la conocieron [2]. Se había hecho famosa mucho antes de su muerte. Una multitud inmensa – se calcula entre cuarenta a cincuenta mil personas de todas las clases sociales – acudió a su funeral el 9 de febrero de 1856. Permítanme presentarles hoy Cinco rostros de Rosalía Rendu:

1) Trabajadora y organizadora extraordinaria.

Rosalía nació el 9 de septiembre de 1786, en Confort, una localidad de Savois. Tenía justo 15 años cuando vino a París y aquí pasó más de 50 años de su vida en el barrio Mouffetard. Las obras eran prodigiosas. Había una escuela primaria dónde Rosalía enseñó en sus comienzos y que dirigió más tarde. Aunque tenía un nivel de instrucción no muy alto (los biógrafos nos dicen que no supo nunca bien el francés), ella y las demás Hermanas trabajaban laboriosa y fervientemente enseñando a las niñas la lectura, la escritura el cálculo elemental y el catecismo.

Para las jóvenes y las madres más necesitadas, Rosalía organizó muy pronto clases de costura y bordado. Más tarde fundó una guardería y un parvulario, dónde se hacían cargo durante todo el día, de los hijos de las madres trabajadoras. Para estas mismas jóvenes, fundó las Hijas de María con una rama para madres cristianas, dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo. Aunque Rosalía no fue partidaria de los orfanatos, en 1851 aceptó administrar uno y en 1852 abrió un asilo para ancianos.

Además, ella y sus hermanas dirigían un centro de acogida donde distribuían vales para alimentos y leña: tenían también una farmacia, una clínica, un dispensario un vestuario para proporcionar ropa. Ayudó al establecimiento de las Conferencias de San Vicente de Paúl y daba consejos a sus miembros. Participó en el restablecimiento de las Damas de la Caridad en 1840. Atendía a enfermos y moribundos en las frecuentes epidemias de cólera, y, sobre todo, visitó durante toda su vida en sus domicilios a los pobres y los enfermos. Durante las epidemias que hubo entre 1849 y 1854, morían más de 150 personas cada día en la parroquia dónde trabajaban Rosalía y sus Hermanas. Servían a los pobres, acompañaban a los moribundos y enterraban a los muertos.

El secreto de la prodigiosa energía de Rosalía y de sus numerosas obras era precisamente el secreto que San Vicente legó a todos sus discípulos: veía el rostro de Cristo en la persona de los pobres. Una de las hermanas que vivían con ella cuenta como Rosalía animaba a la comunidad: “Amemos mucho a Dios, no regateemos cuando se trata del deber; sirvamos bien a los pobres, hablémosles siempre con gran bondad. Si no obramos de esta manera, seremos castigadas: los pobres nos dirán injurias, cuanto más groseros sean, más dignas debemos ser. Recordemos que esos harapos ocultan a Nuestro Señor” [3].

Aparentemente enferma enviaron a Rosalía fuera del noviciado cuando todavía no tenía 17 años con la esperanza de que un cambio de aire podía mejorar su salud. Resulta difícil imaginar que el aire era mejor en el pobre barrio de Mouffetard, pero como completaba allí su seminario, vivía y trabajaba allí en esta comunidad y allí se sentía feliz. Muy pronto se ganó el afecto de las Hermanas de aquella casa. Volvió a la Casa Madre para “tomar el hábito” con unas letritas para la Superiora General de parte de la superiora local, Sor Tardy, “estoy muy contenta con esta pequeña Rendu; dele el hábito, y déjemela” [4]. Y así fue como Juana María Rendu, ahora Sor Rosalía, dio sus primeros pasos y llegó a ser el “Apóstol del “Barrio Mouffetard”, quizás el barrio más miserable de París, dónde estuvo hasta el final de su vida. En 1815, cuando solo contaba 29 años, fue nombrada Hermana Sirviente, servicio que desempeñó durante 41 años, hasta su muerte.

2) ¿Cómo era Rosalía como Hermana Sirviente?

Cuando leo los relatos de los primeros testigos de su vida, me llaman la atención tres hechos:

1. Un primo suyo describe las relaciones de Rosalía con las Hermanas de la comunidad con esta frase: “ternura infinita” [5]. Era muy sensible a todo lo que la rodeaba, esto era evidente tanto en sus contactos con los pobres como en su relación con las Hermanas.

Su primo cuenta que la vio llorar a la muerte de una de sus Hermanas, a quien quería profundamente. En cierta ocasión habló de sus lágrimas a una persona en la que tenía confianza, la cual le contestó: “Tenga la seguridad de que si no quisiera tanto a sus Hermanas, no querría tanto a los pobres” [6].

2. La casa donde Rosalía era Hermana Sirviente se convirtió, por así decirlo en una “casa de formación”, donde destinaron a muchas Hermanas jóvenes. Aprendían de ella, ante todo, cómo servir a los pobres. A lo largo de los años vivieron con ella veintidós postulantes [7] y bajo su dirección, a partir de 1832, se prepararon a los votos dieciocho Hermanas [8]. En el momento de su muerte [9] formaban la comunidad doce Hermanas; la mitad de ellas tenían menos de cuatro años de vocación.

Su actitud con las Hermanas jóvenes es evidente en una carta que escribió en 1838 a una Hermana del Seminario: “Aprenda a ser hija de San Vicente, es decir, Hija de la Caridad, heredera de las promesas que Él (Dios) hizo, de dar todo a quien se entregue sin reserva” [10].

Es claro que hacía la guerra al amor propio. Una de las Hermanas de la casa afirma: “En la dirección, perseguía sin piedad este defecto: ‘Es nuestro enemigo capital’, decía, búsquenlo, lo encontrarán en el fondo de todas las cosas, se disfraza para engañarnos y perdernos, pero hay que cogerlo del cuello y estrangularlo”[11].

3. Con la animación de Rosalía, esta casa extraordinariamente activa, era también de manera extraordinaria una casa de oración. La comunidad que ella animaba se levantaba cada día a las cuatro de la mañana y hacía oración fielmente. Entre las lecturas que Sor Rosalía consideraba como fuente de oración estaba La Imitación de Jesucristo y las obras de Francisco de Sales, a quien llamaba su querido amigo y compatriota de Savoie [12]. Una de sus compañeras escribe: “¡si había que dejar a Dios por Dios y acompañarla a una visita caritativa, nos decía: ‘Hermana, comencemos nuestra oración! ‘ indicaba el plan, la orientación, en pocas palabras, sencillas y claras y entraba en un santo recogimiento [13]. El Vizconde de Melun recuerda que, en cierta ocasión, Sor Rosalía había dicho a una hermana: “Nunca he hecho tan bien la oración como en la calle“. [14]

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1. La biografía de base fue escrita por el Vizconde Armand de Melun y se titulaba Vida de Sor Rosalía, Hija de la Caridad (París, 1857). Tuvo 13 ediciones. Las últimas biografías (ver la lista, cf. Positio, “Biografía documentada” p. 306 y ss.), siguen, sencillamente el trabajo de este colaborador cercano y amigo de Sor Rosalía.

2. Todas las citas de esta conferencia – excepto las citadas concretamente- están sacadas de la Positio Virtutibus et Fama Sanctitatis (Roma, 1993).

3. Ibid. p. 56-57.

4. Vizconde de Melun, Vida de Sor Rosalía (París: J. De Gigord, 1929) p. 29.

5. Positio, el “Biografía documentada”, p.195. .

6. Ibid. el pp. 196-197.

7. Ibid. pp.179-180.

8. Ibid. pág. 180.

9. Ibid. pág. 181.

10. Ibid. pág. 208-209.

11. Ibid. p. 201.

12. Ibid. p. 199.

13. Ibid.

14. Ibid.