Cinco Rostros de Rosalía Rendu (2)

3. Mujer intrépida 

Según decían todos, esta mujer, llena de ternura, era intrépida… Rosalía vivió en tiempos agitados. Conoció las revoluciones de 1830 y 1848, así como las terribles epidemias de cólera de 1832, 1849 y 1854.  Rosalía circulaba entre los enfermos y moribundos sin temor por su propia salud. Junto con sus Hermanas, llevó constantemente ayuda a los miles de víctimas del cólera. Acompañaba a los  miembros de las Conferencias de San Vicente de Paúl que trabajaban con ellas entre personas afectadas por el cólera.

Los episodios más célebres del valor de Sor Rosalía tuvieron lugar durante las revoluciones. Como Rosalía, con sus Hermanas, escondió a los revolucionarios, el Sr. Gisquet, Prefecto de Policía, firmó una orden de detención contra ella. Pero los policías locales dijeron a  su jefe que esta detención haría que  se sublevara todo el barrio Mouffetard. Entonces, Gisquet, fue él en persona a comunicar a Sor Rosalía dicha orden. Ella contestó: “Yo soy Hija de la Caridad; no tengo bandera; vengo a ayudar a los necesitados dondequiera que los encuentro, trato de hacerles  el bien sin juzgarlos, y, se lo aseguro, si usted mismo fuera perseguido y me pidiera ayuda,  no se la negaría”. [15] El prefecto dio por terminado el asunto.

Durante la revolución de 1848 un violento combate lo destruyó todo en la ciudad. El Arzobispo de París, animado por Federico Ozanam, subió a las barricadas para intentar detener la matanza pero fue asesinado y el combate se reanudó con mayor intensidad, causando miles de víctimas. El general Cavaignac  decidió entonces bombardear sin piedad el barrio de Mouffetard, no obstante, ofreció antes a las Hermanas una escolta para conducirlas a un lugar seguro. Sor Rosalía respondió a su mensajero: “Señor, dé  las gracias al General y dígale que nosotras somos las siervas de los pobres y también sus madres y que queremos morir con ellos” [16]. Rosalía y el general que, más tarde, llegó a ser Presidente de la República, se hicieron amigos y tenían una profunda admiración el uno por el otro.

El Vizconde de Melun dice que durante esta misma Revolución de 1848, un funcionario de la Guardia móvil buscó refugio  en la casa de las Hermanas. Llegó a la puerta perseguido por los revolucionarios. Rosalía los detuvo  gritando: “¡Aquí no se mata! … Por mi abnegación durante 50 años, por todo lo que he hecho por vosotros, por vuestras mujeres y por vuestros hijos, os pido la vida de este hombre [17]”. Y el oficial se salvó.

4.  Amiga de ricos y de pobres 

Recientemente, he ido dos veces al Cementerio de Montparnasse para visitar la tumba de Rosalía Rendu, en la que siempre hay  flores naturales. En la piedra sencilla están grabadas estas palabras: 

A Sor Rosalía

Sus amigos agradecidos

Los Pobres y los Ricos

Como San Vicente, Rosalía sabía ser  amiga de unos y otros. Los pobres la querían profundamente, pues percibían que vivía verdaderamente lo que pedía a sus Hermanas que la acompañaban en sus visitas. Según el testimonio de una de ellas, les recomendaba: “acoger a  todo el mundo, hablar a los pobres con bondad y dignidad, y al mismo tiempo, no hacerles esperar. ‘Trátenlos’, decía, ‘como tratarían a su padre, a sus hermanos, a sus hermanas“[18].

Pero los ricos también se sentían atraídos por  Rosalía. Era una persona sincera. Sus llamadas se les hacían irresistibles y sabía cómo movilizar sus energías y sus recursos para el servicio de los pobres.  Su correspondencia se dirigía al Arzobispo de París, a los Superiores Generales, a los hombres políticos, a los doctores, a los jóvenes estudiantes como  a la familia y a los amigos. Había tomado a Federico Ozanam y a sus compañeros como aprendices y así participó en el nacimiento de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

…El 27 de febrero de 1852, se le concedió el premio de la  Legión de Honor. El 18 de marzo de 1854, el Emperador Napoleón III y la Emperatriz Eugenia fueron a verla a su casa. Parece que la extraordinaria popularidad de Rosalía provocó a veces extrañeza entre sus iguales y sus superiores que a veces fruncían el ceño.

Era larga la cola diaria de los que querían entrar en el recibidor de la casa de Rosalía de la calle l’Epée-de-Bois. Trabajaba eficazmente, escribía notas para acordarse de sus peticiones. Trataba siempre de encontrar una solución, no forzosamente completa, a todas las necesidades que se le presentaban. No dudaba en pedir la ayuda a aquéllos mismos a quienes ayudaba. Además de sus  hermanas,  comprometió a los mismos pobres, a los jóvenes estudiantes, a los sacerdotes, a los religiosos, y también a los ricos, al servicio de los pobres.

5.         Fiel, a veces incomprendida, Hija de Caridad  

Entre todas las causas de beatificación de miembros de nuestra Familia de Vicenciana, la que más me interesa es precisamente la de Sor Rosalía Rendu. Era venerada mientras vivía. Quienes la conocieron dicen que nadie se ha parecido tanto como ella a San Vicente. Sus obras fueron  maravillosas, pero también la fuerza de su oración era impresionante. Aunque fue tenaz e inquebrantable en la defensa de los pobres, tenía una “ternura infinita” en todo lo que a  ellos se refería. Aunque de un nivel de instrucción no muy alto, aconsejaba a gentes de toda condición que iban a hablar con ella (lo que aceptaba con una pizca de humor) [19].

Pero, hacia el final de su vida, Rosalía sufrió la desaprobación de sus superiores. Parece que los problemas sobrevinieron a finales de 1830 y que el conflicto surgió bajo el mandato del Padre Nozo, Superior General [20]. Debido a un escándalo financiero  y la pérdida de una cantidad de dinero considerable para la Congregación de la Misión, se levantó una fuerte oposición contra el Padre Nozo. Los Padres Etienne y Aladel estaban entre sus adversarios más temibles. La noticia de este conflicto se publicó en los periódicos, de modo que todo París hablaba de ello. Por fin, el Arzobispo de París se decidió a intervenir y redactó un documento de interdicción contra el P. Etienne, el P. Aladel y los otros. Rosalía, que deseaba que este asunto terminara apaciblemente y que tenía buenas relaciones con el Arzobispo, fue a interceder ante él. Se puso de rodillas, permaneció así largo tiempo y se negaba a marcharse, suplicándole que quemara la sentencia de interdicción contra los Padres Etienne, Aladel, Legot y Grapain,  mientras que él mismo daba la razón al P. Nozo [21]. Después de una larga resistencia, el Arzobispo cedió. Un relato atestigua que, al final de la entrevista, respondió a Sor Rosalía: “¡Quémela usted misma y recuerde que  la hago responsable ante el tribunal de Dios de la Acción que me obliga a hacer!”[22].

Considerándolo hoy, se ve claramente que Rosalía, con su intervención, quería servir  de mediadora para que se arreglara amistosamente un conflicto serio, pero el P. Etienne, elegido poco tiempo después Superior General, permaneció bastante descontento con ella. Sólo un Lazarista, el P. Marion, fue a sus funerales: dijo que fue sin decírselo a nadie pero que no podía faltar porque debía mucho a  Sor Rosalía.

Hemos visto cinco caras de Rosalía Rendu. Con su personalidad tan rica como la suya, estoy seguro que podíamos hablar de otros muchos. Rosalía murió el 7 de febrero de 1856.

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15. Positio, “Biografía documentada”, pág. 70,

16. Ibid. p. 72.

17. Ibid.

18. Ibid. p. 179.

19. Ibid. pág. 170.

20. Cf. ibid. p. 204.

21. Cf. también, Positio, “Sumario del proceso  ordinario de París”, p. 43.