El Año de la Fe y la Vida de Santa Luisa (1)

Herencia dominicana

Abbey of PoissySabemos que hasta los 13 años Luisa estuvo con las Hermanas dominicas y esos años influyeron profundamente en su vida cristiana. Santo Domingo formó a sus seguidores con un profundo sentido eclesial basado en la fe, los sacramentos y la doctrina legítima contenida en el catecismo de la iglesia. Les enseñó, a confrontar a los herejes, no predicándoles la conversión, sino presentándose ante ellos como personas sencillas y pobres, renunciando a toda forma de pompa. Éste fue el legado dominicano que Luisa vivió en el monasterio de Poissy y que aceptó durante su educación.

Profundo conocimiento y comprensión de la Fe

Cuando Luisa se encontró con Vicente, ya tenía vida de oración basada en la sagrada escritura, que conocía y en varios escritores espirituales importantes, como Granada, Gerson, Francisco de Sales y Berulle, y había recibido dirección y guía espiritual de Michel de Marillac, Jean-Pierre Camus y posiblemente Francisco de Sales. En una palabra, no era una principiante.

Catequista, Maestra, Formadora

La comprensión eclesial de Luisa no se limitaba a su nivel personal. Cuando visitaba las Cofradías de la Caridad, asumía el papel de catequista, maestra y formadora de maestras para las escuelas parroquiales. Formó a grupos de mujeres y los instruyó en la fe y en la vida interior, acompañándolas y guiándolas, aconsejándolas y orientándolas en la práctica de la caridad con los pobres. Luisa creó grupos de catequistas seglares que dieron testimonio en la Iglesia como madres de creyentes. Dirigió retiros y dio testimonio constante de su fe en sus enseñanzas y en sus visitas a las comunidades, en las reuniones con las Damas de la Caridad, en sus conferencias y correspondencia. Luisa decía a las Hijas de la Caridad que debían ser hijas de la Iglesia: primero como cristianas y después como Hijas de la Caridad. Estaba convencida de que la compañía era una nueva entidad en la vida de la Iglesia, entidad unida a la misión caritativa de la Iglesia. El Espíritu Santo había inspirado esta sociedad de vida apostólica en la Iglesia para que sus miembros revelaran el amor de Dios a los pobres y así resaltara la caridad de la Iglesia, nuestra madre.

Modelo para lograr el equilibrio en la Vida Espiritual

El desarrollo espiritual de Luisa estuvo marcado por una dolorosa lucha por mantener las virtudes adquiridas por medio de un ascetismo riguroso y numerosas devociones. Factores como su salud delicada, un espíritu ansioso, preocupado constantemente por los dramáticos, a menudo traumáticos, eventos en su vida, una sed de lo absoluto a la que le faltaba una orientación clara – todo ello contribuyó a que Luisa al principio de su vida no encontrara el equilibrio necesario entre sus talentos humanos considerables y su modo personal de santificación. Luisa impuso en su vida y en su oración una estructura rígida en general y en particular. Parecería que intentaba convertir su pequeño apartamento en el claustro al que años antes se le había negado su admisión. Esa mujer, escrupulosamente sujeta a un horario regular, no estaba preparada para ir a visitar a las Cofradías de la Caridad o dedicarse a la formación de siervas de los pobres. San Vicente fue quien emprendió la tarea de conseguir el equilibrio en su vida espiritual. El carácter de Luisa de Marillac no era apropiado para el claustro. Estaba demasiado inclinada a cerrarse en sí misma. Tuvo que ir al encuentro con Dios en los demás. Vicente le escribiría urgiéndola a la moderación, la paz, la calma y el abandono en la providencia Divina.

Fuentes: Sor María Ángeles Infante, HC; Sor Luisa Sullivan, HC,