El Año de la Fe y la Vida de Santa Luisa (2)

La Iglesia y Santa Luisa 

Respetuosa, Obediente; pero sin temor a defender la Verdad cuando era necesario

Santa Luisa vivió con la convicción de que la Iglesia era inseparable del Espíritu Santo. Animada por ello,  era mujer de Iglesia y quería que cada Hija de la Caridad y cada miembro de las Cofradías de la Caridad vivieran como hijas de la Iglesia. Por consiguiente, les pidió adherirse y obedecer al magisterio de la Iglesia y respetar a los párrocos y obispos. Santa Luisa vivió de este modo. No obstante, cuando algún párroco u obispo interferían en la misión, sugiriendo o exigiendo cosas que no estaban de acuerdo con el evangelio y su servicio a los pobres, ella expresó sus objeciones y desacuerdo valientemente. Esto lo podemos ver en su relación con el párroco de Chars seguidor del Jansenismo.

Respeto por el Papa 

La adhesión incondicional de Luisa a la Iglesia, cuerpo jerárquico de Cristo, se revela y se expresa en su respeto y veneración por el Papa,  representante de Cristo y  cabeza de la Iglesia. Esta actitud la expresó en una carta que escribió al P. Antonio Portail cuando él estaba en Roma: “Se halla usted en las fuente de la Santa Iglesia junto a su cabeza visible, el Padre Santo de todos los cristianos en donde tantas veces he deseado (ver)me para recibir, como hija, aunque indigna, su santa bendición [LM C.197, p. 203]. Ella esperaba que antes de su muerte la Compañía de las Hijas de la Caridad recibiera la aprobación Episcopal. Sin embargo esto no ocurriría hasta ocho años después de su muerte.

Sus reflexiones sobre María

En los escritos de Santa Luisa siempre podemos encontrar a María como la Madre de Dios, íntimamente unida a su hijo en la realización del plan divino. En sus reflexiones sobre el lugar de María en la redención vemos que, mucho antes de la definición del dogma, ella consideraba la importancia de la Concepción Inmaculada.  Escribió,  “(…para glorificar a Dios por la elección que su bondad hizo de ti para ser Madre de Su Hijo, por el cual tu concepción fue inmaculada en previsión del mérito de su muerte” (LM E. 5 p. 669).

Fuentes: Sor María Ángeles Infante, HC; Sor Luisa Sullivan, HC,