María, Mujer de Fe (1)

– a través de los ojos de Santa Luisa… y el Concilio Vaticano II

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“Los Fundadores inculcaron a las Hijas de la Caridad el amor y la imitación de la Virgen, y las invitan a contemplar en ella a: (Madre de la Iglesia y única Madre de la Compañía: santa Luisa le consagró la Comunidad naciente, que quiso poner para siempre bajo su protección”. (C. 15 b)

mary_faith_louise[Santa Luisa de Marillac] (E 6 Sobre las virtudes y prerrogativas de la Santísima Virgen) Su Concepción y todas las gracias infusas que le fueron concedidas a causa de la elección que Dios hizo de ella por Madre suya, haciéndola Inmaculada en previsión de los méritos de la vida de su Hijo. Su Natividad, su vida purísima dedicada al servicio del templo y su voto en la divina Providencia, su serenidad y el inagotable abismo de todas las virtudes de su hermosa alma durante su matrimonio, sostenida por la gran humildad que le ponía siempre ante la vista lo que Dios hacía en ella. Su gran desprendimiento y la dulce tranquilidad de su alma en medio de los padecimientos y muerte de su Hijo, su desasimiento de todas las cosas al permanecer en la tierra después de la Ascensión por el puro amor que tenía a Dios y por la salvación de las almas en la que trabajó el resto de sus días, en perfecta imitación del espíritu de su Hijo;

(E 32) Adore  a la Virgen a la que Dios quiso redimir antes de crearla y represéntele el estado de su conciencia, y pídale que le alcance la enmienda de su vida y el remedio de sus necesidades más apremiantes, como un amor más grande a su Hijo y una unión más fuerte con su divinidad humanizada.

mary_faith_vatican[Concilio Vaticano II – Lumen Gentium] 56 (…) Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente. Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, «obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano». Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con él en su predicación que «el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su fe».

64. La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitación de la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera.