Testimonio de Sor Catherine

¿Cómo he vivido el año de la fe? …En la aventura imprevisible y la novedad…   

Sí……” ¡Sí … Pero hará falta que tu actúes conmigo Señor!…

¡Así es como, sobre el umbral de este año de la fe, he dicho sí a Turquía, esta llamada me ha dejado confundida…! ¡Los caminos de Dios son realmente imprevisibles y sorprendentes!

 ¡Sí, Señor… pero hará falta que tu actúes conmigo y yo me he entregado con confianza…! Una confianza ciega, ya que soy ignorante y desposeída de todo lo que puede hacer una misionera fuera de sus fronteras naturales…¡Y, mi edad, me conduciría más lógicamente hacia una casa de retiro que hacia la aventura!

Focus_on_Sr_CatherinePero  Dios tenía otra idea en el corazón, es a Él a quien he dicho sí. Y él no ha esperado para actuar conmigo. Enseguida, me ha ofrecido una paz interior que las emociones más fuertes no han podido sacudir…

Me ha tomado de la mano con las Hermanas que me han acompañado y me han acogido con delicadeza y amistad y yo he hecho, sin preparación, el gran salto de mi pequeña aldea de Corbonod tan pacífica, hasta Estambul, enorme ciudad hormigueante de personas y ruido, sin otro miedo que el perderme en mi nuevo mundo…

¿Qué he venido hacer aquí?… ¿en este mundo musulmán?… ¿y tan tarde en mi vida?…   

No he venido a “hacer”, he venido a “vivir”  

Sencillamente a unirme a los misioneros venidos a esta tierra tan rica de nuestra historia cristiana, y a manifestar con ellos  la presencia y el amor de Cristo a todos.

Dejarme deslumbrar por todos los descubrimientos que se me ofrecen… comenzando por mi primer viaje en avión.  ¡Qué inmenso y precioso!… he creído ver la tierra algo así como Dios mira a su creación. ¿Cómo haces Señor para estar presente en esta inmensidad y todo junto, tan misteriosamente vivo en lo más oculto del corazón de cada hombre?

Asombrarme ante la belleza y la riqueza de una cultura que me era totalmente desconocida. La calidad de la acogida y la graciosa cortesía propia de los turcos me ha hecho pensar en Cristo cuando caminaba entre los hombres. Tuvo que tener en Él algo de esta gracia respetuosa y sonriente que da deseos de entrar en relación.

¡Qué profusión de dones de Dios ha sembrado en el corazón, la cabeza y las manos de sus hijos!

¡Que bella creatividad a acoger sencillamente al pasar!… Los pasillos del metro nos ofrecen espléndidos frescos. ¡Qué maravillosa diversidad de formas, de colores, de caligrafía a contemplar!

¡Y en las boutiques, hace falta ver la gran variedad de tejidos, encajes, galones, joyas, cerámicas para entrar en el reino de las Mil y una Noches!… Y en el mercado de especies, aspirar estos olores sabrosos que pican un poco en  la nariz. ¡Qué maravillas debe haber  en los demás pueblos de nuestro planeta!

En Estambul está muy poblado, y cuando camino entre esta muchedumbre impresionante, cosmopolita, muy densa, me digo interiormente “yo vi una muchedumbre inmensa…de toda raza, lengua, pueblo y nación”… y hay tan pocos cristianos aquí… De mi corazón sube un gran deseo al Señor, ¡como quisiera que todos descubrieran tu amor y supieran cuánto amas a cada uno!”.

Sentir como una herida las divisiones entre cristianos, los que en su conjunto constituyen una pequeña minoría en el corazón de este mundo musulmán.  Que urgente es que lleguemos a unirnos. Mi oración por nuestra unidad es ahora mucho más ardiente.

Dejar brotar en mi corazón una esperanza ante todas las actividades y humildes pasos de encuentros y oraciones comunes que se viven aquí.

Dejarme interpelar y reavivar mi fe por mis nuevas compañeras….
Siete Hermanas, seis nacionalidades diferentes. En los intercambios nuestras  dificultades de lenguaje provocan asociaciones de palabras sorprendentes que nos hacen reflexionar con más profundidad. Y por las frases “deformadas”  el evangelio toma resonancias poéticas, inesperadas que abren a veces otros caminos a la meditación. Nuestros intercambios se enriquecen con la pobreza de nuestras palabras.

Vivir una dependencia inesperada, la de la lengua. No hablar, ni comprender, ni leer, ni escribir, es una prueba. ¡Excepto en la comunidad dónde se habla, dentro de lo posible, el francés, todo se entremezcla en mis oídos… las misas celebradas en turco, o inglés, polaco, alemán, italiano, armenio, griego… me hacen soñar en Pentecostés! …”. Cada una comprende su lengua…”, yo, no comprendo nada…tengo necesidad constantemente de la paciente benevolencia de un traductor para el menor encuentro… o la menor necesidad… Mi deficiente memoria me juega malas pasadas en las expresiones de la vida cotidiana y sobre todo con las palabras de amistad que quisiera decir a los enfermos o al personal del hospital. Intento aprenderlas, pero en el momento oportuno no me vienen a los labios … es realmente frustrante…

Pero también es cómico, muchas cosas se comprenden con la mímica, y yo he descubiero talentos de payaso que despiertan la risa y forjan uniones de simpatía.

¡Ay sí, Señor, tú actúas realmente bien conmigo!

Las llamadas a la oración que ritman los días, como nuestras campanas del ángelus, hacen surgir de mi corazón ramilletes de acción de gracias. Bendito seas Señor por todo lo que me das en las confusiones de esta novedad que me impulsa hacia  adelante. Sí, yo quiero cantar tu amor Señor.

Sor Catherine Ethiévant