Al servicio de los pobres, a partir de un estilo de vida pobre

Recientemente, el Papa Francisco declaró que 2015 será el Año de la Vida Consagrada. Veinti años después del Sínodo de la Vida Consagrada (1994) y en el mes de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada es apropiado recordar la intervención que Sor Juana Elizondo, nuestra anterior IMG009Superiora General, dirigió a los Obispos.  

Al servicio de los pobres, a partir de un estilo de vida pobre

Sólo unas palabras sobre algo que me parece común e importante para todos los que tenemos la dicha de pertenecer a la Iglesia de los Pobres y especialmente para los que hemos recibido la llamada  de entregarnos totalmente a Dios para servirle en nuestros hermanos pobres y necesitados. Me refiero a un estilo de vida pobre y sencillo que nos acerque lo más posible al de ellos.

No sería evangélico servir a los pobres a distancia. El Señor Jesús a quien  seguimos, nos mostró el camino… “se hizo hombre, acampó entre nosotros… ” (Jn. 1, 14).

Es importante acortar distancias para encontrarnos más cerca de los Pobres y para que ellos no tengan dificultad en aproximarse a nosotros. Podemos crear distancias con nuestras actitudes, nuestras estructuras, nuestros modos de vida. La coherencia con nuestra vocación nos pide nuestra parte para retirar los obstáculos que entorpezcan la marcha por el camino del acercamiento  a los Pobres. En este sentido,   parece imperativo despojarnos de todo aquello que no nos sea necesario para vivir y para servir.  San Vicente, de Paúl, el padre de los Pobres, propone a sus hijos una exigencia radical: “No tenéis derecho más que a alimentaros y vestiros; el sobrante pertenece al servicio de los Pobres”. (S.V. 25.01.1643, Conf. Esp. A las Hijas de la Caridad, CEME nº 149). Sería la manera de que el desprendimiento y las pobrezas personales no se transformaran en acumulación y riqueza comunitarias.

La libertad inherente en un estilo de vida pobre hace posibles la movilidad y la agilidad requeridas por el continuo desplazamiento hacia los más necesitados. Este desplazamiento supone, además su  dimensión geográfica,  un estilo de vida donde se viva la pobreza “en  espíritu y en verdad”  en la realidad de cada día.

Una vida sencilla, con el mayor despojo posibles de los bienes materiales, hará también que, en la escala de los valores que ponemos al servicio de nuestros hermanos, estén siempre presentes y ocupen el lugar que les corresponde los valores humanos y evangélicos que no están condicionados a los materiales, tales como la atención a toda persona, la acogida humilde y sencilla, la comprensión, la entrega generosa y alegre. Actitudes estas que tienen como fundamento el reconocimiento de la dignidad de toda persona como una criatura de Dios quien, además, ha optado por identificarse con los humildes y sencillos: “cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. (Mt. 25, 40). San Vicente de Paúl expresará esta  verdad a sus hijas diciendo: “Una Hermana irá diez veces cada día a ver a los enfermos y diez veces cada día encontrará en ellos a  Dios”. (S.V.  13.02.46 – Conf. Esp. H.C. – CEME – nº 414).

La pobreza y la consiguiente sencillez de  vida harán que recuperemos para el mundo de hoy los valores que está destruyendo en él la técnica. La gente, en general, la espera y los Pobres lo  necesitan. Con frecuencia nos corresponde estar presente y  servir en espacios muy tecnificados muy tecnificados,  duros, fríos, deshumanizados, de dónde imperan la máquina, el aparato, lo impersonal y donde una gran parte de la humanidad, los Pobres, están manipulados, o al menos,  desorientados. Es más, no saben reclamar sus derechos e incluso los ignoran. ¿Nuestra misión en este mundo? Humanizar la técnica, restablecer las relaciones humanas, informar, poner calor,  provocar  la participación de cada persona en las decisiones que atañen a su propia vida, infundir seguridad. Y todo ello con medios sencillos como la mirada atenta, el gesto delicado, la palabra amable, haciendo de todo ello, como también de nuestro servicio profesional el vehículo de amor de Dios hacia todos los hombres y las mujeres, siendo la presencia amorosa de Dios en el mundo del sufrimiento.

sor_juanaHace unos años, nuestro Santo Padre, Juan Pablo II, en una audiencia  general concedió a nuestra Compañía con ocasión de una Asamblea, nos  recomendó fuertemente “vivir nuestra identidad contra viento y marea”. En otra anterior nos había dicho: “No tengáis ojos ni corazón más que para todos los Pobres”. Yo, al mismo tiempo que doy las gracias a muchos de los Señores Obispos aquí  presentes, por utilizar los servicios de la Compañía en favor de los Pobres, solicitaría que nos ayudaran a vivir nuestro carisma y nuestra identidad. Pídannos siempre para los Pobres y abandonaos. ¡Gracias!

 Madre Juana Elizondo, Hija de la Caridad  

Intervención durante el Sínodo de la Vida Consagrada – Roma, octubre de 1994. 

(Eco – Enero 1995)