Estambul: Visita a las mujeres en prisión: ¡estar vivas!

Cuando estuve en Estambul, durante 12 años, buscaba responder a una llamada interior:  visitar a los prisioneros. Yo sola no tenía la oportunidad de hacerlo y no podía imaginar estar allí como representante de nuestra Iglesia.   Así que  intenté obtener el apoyo a través del consulado…

prison-1En el año 2008 tuve la posibilidad de visitar a las mujeres (1.000) en una gran prisión de Estambul con un representante del Consulado. Me impresionó.  El tiempo de visitas pasó  muy rápidamente pero nunca olvidaré una sola cara.  ¡Qué rostros tan bonitos, pero tan tristes¡  Al mismo tiempo tuve el derecho de ponerme en contacto con las familias de los detenidos por correspondencia y por supuesto con la oración, para las que esperaban su liberación. Pasaron los meses. El consulado me aseguró que si una prisionera pedía verme yo podría visitarla con alguien del Consulado. A la vez un sacerdote de una parroquia de Estambul recibió una petición de la prisión de mujeres: animar un encuentro en la sección para “Mujeres Extranjeras” (cristianas) durante el tiempo de Navidad.  La propuesta me concernía como mujer consagrada, porque era para mujeres.  La respuesta fue positiva y pronto un equipo de 2 sacerdotes, 1 hermana y 1 seglar hicimos la primera visita y animamos unas dos horas de reunión con 120 mujeres!!! Se les ofreció la  Biblia en varios idiomas y pulseras… fue un tiempo de lágrimas de alegría, de esperanza y de eucharistiebendición.  El Director de la sección de “Mujeres Extranjeras” nos agradeció la visita y acabó diciendo, “Estas mujeres tienen un gran vacío espiritual y todo lo que se pueda hacer por llenarlo es muy importante”.

El proyecto del próximo encuentro tuvo lugar en Pascua. Yo esperé con “ferviente esperanza” y, por fin,  recibí la propuesta de participar en la próxima visita a la prisión que tuvo lugar el jueves Santo.  ¡Bendito sea Dios!!!

Y he aquí, que así es cómo  empezamos, poco a poco, sólo 2 horas en cada reunión, con 200 mujeres de todas las naciones en un gran gimnasio (salón de deportes). Los rostros de las mujeres estaban fijos en los nuestros, un poco avergonzados de ver tanto sufrimiento.  Yo me hacía estas preguntas: ¿Podré yo hacer esto? ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Cómo escuchar? El Padre dio una catequesis en inglés.  De repente, una mujer me preguntó en un idioma que yo sabía, “¿El Padre va a confesar?” “Sí, seguro que sí”.  A decir verdad, yo no lo sabía realmente.  “Pero ¿cómo? ” dijo ella, “yo sólo sé mi idioma”.  Yo le respondí, “es su corazón el que va a hablar con Dios,  el sacerdote es sólo su instrumento.  Tenga confianza en el Señor”.  Sus ojos se iluminaron como las estrellas y entusiasmaron a las demás.  Rápidamente, se formó una larga fila para recibir la Misericordia de Dios.  Discretamente, yo animé a un sacerdote a que empezara a oír las confesiones. El rosario iba desgranándose poco a poco en el silencio y sus femme-derri-re-les-barreauxrostros cambiaron con lágrimas de alegría y gratitud. Los policías que estaban de guardia descubrieron ese cambio e hicieron fotos.  Cada vez que nos oían cantar, había más policías. ¡Las dos horas pasaron rápidamente!

Los 2 sacerdotes, las 2 hermanas y 1 una joven seglar fueron amablemente invitados por la dirección de la prisión y nosotros intentamos convencerles de que era necesario tener un encuentro al menos una vez al mes.