“El Espíritu santo, amor del Padre y del Hijo”

El Espíritu santo, amor del Padre y del Hijo, llena toda  la tierra.  Jesús no nos ha dejado huérfanos.  Ciertamente que la lucha entre el bien y el mal continúa, pues, “El Reino de los  Cielos sufre violencia”.  En el mundo siguen existiendo el odio y la guerra, injusticia y la opresión.

holy-spirit-saint-peter-basilica-romePero se nos ha dado un Espíritu de amor y de libertad.  Bastaría dejarle actuar y secundar su acción transformadora.  Y cuando esto ocurre aparecen los signos del Reino: una cultura de solidaridad, de reconciliación  de vida…frente al egoísmo, el odio y la muerte. ¡Ven, Espíritu Santo, y renovarás la faz de la tierra!”.

Necesitamos la presencia transformadora del Espíritu Santo en la Iglesia.  Sólo Él puede lograr que la comunidad de Jesús crea en tiempos de increencia, que espere contra toda esperanza, en tiempos de desánimo y desesperanza, que ame en tiempos de división e  insolidaridad.  Necesitamos el Espíritu Santo que nos guíe a la verdad plena, a la unidad en la diversidad y a la libertad frente a estructuras pesadas e insoportables.  Necesitamos al Espíritu Santo, como viento y fuego de  Pentecostés, que nos llene del coraje apostólico, disipe temores y desilusiones y nos lance con nuevo ardor a la  misión evangelizadora.  “Ven, Espíritu Santo, y renovarás la faz de la Iglesia”.

1 BluecariNecesitamos la fuerza del Espíritu Santo en la Compañía.  La Compañía necesita la presencia transformadora del Espíritu Santo, que como viento fuerte, la oriente y empuje por el camino que Él quiere…

Santa Luisa pedía que la Compañía “fuese dependiente del Espíritu santo.”  Depender del Espíritu Santo significa guiarse por los criterios de Jesús y no por los del mundo, dejar que Él genere en nosotros actitudes de discernimiento evangélico y de conversión continua a los valores del carisma Vicenciano.

La Compañía necesita la presencia transformadora del Espíritu que, como un viento fuerte, la oriente y la empuje por el camino que Él…

Nosotros necesitamos la luz y la fuerza del Espíritu para hacerlo realidad en cada cultura y en cada obra.  Por eso le invocamos: “¡Ven Espíritu Santo, nos abrimos a tu presencia, para que renueves la Compañía y la hagas testigo del amor de Dios entre los pobres!”.

P.Fernando Quintano; C.M.

Ecos de la Compañía Enero 1998