Enamorada de los pobres, atraída por las Hijas de la Caridad

Mientras era voluntaria en un servicio Vicenciano en San Luis, MO, EE.UU., sentí la llamada a ser Hija de la Caridad. Desde el momento en que las encontré me atrajo su espíritu alegre. Sentí dentro una voz que me decía: “Tú podrías ser feliz así”. Inicialmente me quedé un poco asustada. Intenté rechazar esa voz y decir que no, pero la voz fue cada vez más insistente y al menos tuve que ver qué me atraía de las Hijas de la Caridad.

Sr. Meg & studentEsto fue hace 7 años y hoy me siento llamada como entonces. Ahora soy Hermana que enseña en Emmitsburgo, MD. Mirando hacia atrás siento que no fue sólo el espíritu alegre de las Hijas de la Caridad lo que me llevó a ellas durante mi discernimiento, sino otros aspectos también.

Hay un dicho en la Comunidad que dice: “Si has visto a una Hija de la Caridad, has visto a una Hija de la Caridad”. Encuentro que esto es verdadero. ¡Nosotros vestimos del mismo modo y muchas de nosotras hacemos el mismo trabajo pero más allá del trabajo y de los vestidos azules y blancos hay muchas personalidades, muchos intereses y equipajes culturales que hacen la vida aún más interesante! ¡Hay realmente un espacio para cada una en la mesa de Vicente, Luisa y de Isabel Ana Seton!

En ellas he notado además una gran apertura y flexibilidad; mi directora de Seminario me decía continuamente: “Una Hija de la Caridad por lo menos es flexible”. Vicente lo llamaría obediencia. Él les decía a las primeras Hermanas que fueran adónde no hubieran querido e hicieran lo que no hubieran querido hacer por ellas mismas sino por la voluntad de Dios. Ir adónde no se quiere y hacer lo que no se querría hacer parece algo no muy bueno, pero no lo es. Fui a ver a una Hermana en una casa de Hermanas Mayores que había crecido en las calles de Chicago y estuvo 55 años de su vida en Japón.Sr. Meg Kymes and senior DC 2011 Me dijo que ella quería haber ido a China pero Dios tuvo otros planes para ella. Estuvo en Japón todo el tiempo feliz de seguir la voluntad de Dios para ella. Yo me he encontrado en lugares que nunca hubiera imaginado, he hecho cosas más allá de mis sueños más locos, porque estuve abierta a la voluntad de Dios. El año pasado estuve en Nueva Orleans. Yo nací y crecí en San Luis y hasta que no encontré a las Hijas de la Caridad no habría tenido nunca la intención de dejar San Luis. Sin embargo mi último año en Nueva Orleans ha sido uno de los períodos más felices de mi vida. Me enamoré de la ciudad, de la cultura y de la gente. Si no hubiera sido flexible y abierta no hubiera tenido nunca esta experiencia, como la Hija de la Caridad en la Casa de descanso que tuvo la oportunidad de servir a los Pobres en Japón durante 55 años.

Fui atraída por las Hijas de la Caridad sobre todo por su amor hacia los Pobres. Santa Luisa nos pidió en su testamento: “Sobre todo tened mucho cuidado del servicio de los Pobres” y Vicente nos dijo: “Amemos a Dios pero con el sudor de la frente y el esfuerzo de nuestros brazos”. La relación con Jesús es central para la vida de una Hermana, todas nuestras oraciones, la Misa cotidiana, las lecturas espirituales y los rosarios son para tener energía espiritual para ir hacia los Pobres. La mayor parte de las Hermanas que he encontrado dicen que lo propio de una Hermana, de una verdadera Hija de la Caridad, es el amor a los Pobres. Sus ojos se iluminan cuando hablan de su servicio actual o de sus experiencias pasadas en el servicio de los Pobres.

Sendinf on MissionPor tanto, ¿qué me ha atraído hacia las Hijas de la Caridad? Me he enamorado de los Pobres y he decidido seguir la llamada de Cristo a entregarme totalmente a Dios, en Comunidad, para servirles.

Sor Meg Kymes, Hija de la Caridad (Provincia de Santa Luisa, EE.UU.)