Testimonio

DSC03015Después de pasar varios años en una comunidad en el Sur de Francia, llegué a la Casa Madre el año 2007, dónde vivo con las Hermanas mayores de la comunidad de San José. Aquí empecé un nuevo período de mi vida, ciertamente el último.

Después de una vida “hiperactiva”, estaba un poco asustada al no tener actividad y vivir a paso lento. ¡Desde los primeros días, comprendí que estaba muy equivocada!

Somos una comunidad de 35-40 Hermanas de 75 a 100 años, procedentes de “misiones Ad gentes” o de una misión en la Casa Madre.

Inmediatamente empecé a enseñar francés a las Hermanas extranjeras y después de un tiempo de ajuste, aquí encontré el dinamismo y la sencillez, características de nuestras comunidades de Hijas de la Caridad.

Desde por la mañana temprano, dos o tres hermanas van a la oficina de acogida de la Capilla para dar la bienvenida y escuchar a las personas que desean hablar con nosotras. Otras Hermanas reciben las intenciones de las Misas o contestan a las llamadas telefónicas. Varias Hermanas envuelven las medallas en bolsitas de plástico que, que diariamente llegan al mundo entero. Otras Hermanas responden a muchas cartas.

Sin embargo, el servicio principal de nuestra Comunidad de Hermanas mayores sigue siendo la oración. Encuentros comunitarios, tiempo de oración y el rezo de las Horas en nuestra pequeña capilla marca nuestras vidas. Nosotras tenemos la posibilidad de conectarnos con la capilla principal para unirnos, a través de la oración, con los peregrinos.

Las celebraciones litúrgicas, o de la comunidad, son una oportunidad para las bonitas celebraciones y reuniones, jubilosas y fraternales. Las celebraciones de los aniversarios de las Hermanas, 60 o 70 años de fidelidad a su vocación, son un testimonio maravilloso de amor durante muchos años.

¡Además, no piensen que no nos movemos! Anualmente se organiza un viaje en el que participa la gran mayoría de las Hermanas: visitando, algún lugar, comiendo fuera, compartiendo la alegría…

Los momentos de relajación de la comunidad nos traen las noticias del día transmitidas por la radio, televisión o internet. Tenemos una biblioteca y la oportunidad de aprovecharnos de las presentaciones ofrecidas a las Hermanas de la Casa de la Madre. Las visitas de las Hermanas nos permiten saber las noticias de sus países de procedencia. Todo es interesante y nos permite conectar con el mundo y orar por él.

Finalmente, una vez por semana participamos en un taller de “memoria” para mantener esta habilidad tan preciosa y frágil a nuestra edad. ¡También tenemos la posibilidad de hacer gimnasias suaves para la relajación de nuestras articulaciones que soportan el impacto de los años!

Mi testimonio sería incompleto si no hablara sobre nuestras Hermanas enfermas, o aquéllas impedidas debido a su edad. ¡Con qué atención, delicadeza y habilidad son tratadas por nuestras Hermanas enfermeras!

Como Vds. pueden ver, nada nos falta en nuestra comunidad de Hermanas mayores. Es un refugio de paz dónde podemos vivir en caridad fraternal los últimos años de nuestra vida que nos preparan para el gran encuentro con Cristo a quien nosotros hemos servido en los pobres.

Una Hermana de la Comunidad de San José