“Mi vocación como la Hija de Caridad” – Casa de la Madre – París

“No me habéis elegido vosotros, soy yo quien os elegí… “ (Jn 15,16)

Cada vocación es un misterio. Nosotras estamos llamadaMi vocación como la Hija de Caridad” – Casa de la Madre – Paríss ya sea en la una comunidad religiosa, vida Sacerdotal, en el matrimonio o al celibato toda nuestra vida; ¿Por se escoge uno u otro camino de vida?

Cuando se habla sobre la vida consagrada, uno se pregunta a menudo: ¿por qué esta persona se ha hecho religiosa? En el principio de nuestra vocación está el Señor y su llamada de amor. Es Él quién nos escoge, quién me escoge.

Yo nací en un pueblo pequeño, en Polonia, dónde todos nos conocíamos. Mi familia es cristiana y yo fui bautizada cuando era muy pequeña y aprendí a ir a la iglesia y a participar en la Eucaristía.

A los de 7 años, durante una de las misas y sin entender bien lo que estaba pasando en el altar, cuando el Sacerdote levantó y presentó la Sagrada Hostia, yo sentí algo en mi corazón pero yo no me detuve en ello… Tres años después, más o menos, yo les dije algo a mis padres que ahora me hizo reír. “Yo seré religiosa”. Mi declaración fue completamente espontánea. En ese momento yo no tenía ni idea sobre la vida consagrada. La única religiosa que yo había visto, era “una Hermana en la película de Louis de Funes con su gran corneta  en la cabeza”. Además yo deseaba tener una gran familia. Yo ya había visto en mi imaginación una casa grande dónde estaría con toda mi familia. Mi marido sería el más guapo, el más sabio y el  más bueno. Durante un largo tiempo fui fiel a este sueño.

foto_2914[1] (1)Pensando en mi niñez se puede decir que no había nada de extraordinario y es verdad. Mi relación con Dios era muy sencilla. Yo no era muy devota pero había aprendido a orar, a discernir y a escoger lo que era bueno. Gracias a la catequesis yo había empezado a entender los Mandamientos de Dios.

Pero hubo un evento que me permitió entrar más profundamente en relación con Él aunque en ese momento yo no lo consideré así. Cuando  tenía 9 años  mi madre esperaba un bebé. Mi hermano de y yo esperábamos a nuestro hermano pequeño. Pero él vivió sólo algunas horas. Entonces yo me puse de rodillas ante el cuadro de María y recuero las palabras de mi oración: ¿Dios mío por qué te lo has llevado?  ¿Por qué no me escogiste a mí  en lugar de a él?… “Pero Dios permanecía en silencio… “

Después yo practiqué mi fe, como todos, bastante tradicionalmente. Pero cada vez que tenía algún sufrimiento intentaba encontrar una explicación a la dolorosa realidad… Dios era para mí un testigo silencioso. Yo le hablaba, Él me escuchaba…

Todo cambió a los 16 años cuando estaba en la escuela secundaria un sacerdote que nos daba la catequesis en nuestra escuela, nos propuso participar en un retiro para las jóvenes. Mi amiga estuvo de acuerdo inmediatamente. Pero yo no, yo no quería ir pero por agradarla y por tener un fin de semana algo diferente al usual fuimos al retiro. Entre muchas otras cosas teníamos una hora de adoración. Yo estaba ante Jesús y Él estaba ante mí… algo en mí estaba abierto… yo descubrí en mí un gran deseo de pertenecer a Dios y estar con Él. Durante tres años viví una lucha espiritual. Aunque ya había oído su voz que me invitaba a consagrarle mi vida, yo no quería creerlo e intenté lograr mis proyectos.

Me comprometí en la vida de la Parroquia, en las obras de caridad como voluntaria,  me hice un miembro del movimiento el “Nuevo Camino” y yo hacía todo para mostrar a Dios que era una buena cristiana y que eso era precisamente lo que Él quería para mí. El Señor era paciente…

Dos años después, participé en una reunión para la Juventud organizada por los dominicos todos los años en la Víspera de Pentecostés. Éramos aproximadamente unos setenta mil. Imagínense ustedes  jóvenes que cantaban, bailaban y alababan al Señor… de repente apareció un hombre en nuestro grupo. Era un pobre sin techo. Como nosotros, él quería estar feliz con la presencia de Dios, para adorarlo… Pero yo noté que las personas alrededor de nosotros se iban alejando… él estaba muy triste… yo aprendí entonces que el Pobre es alguien que perturba… Después de algunos minutos el hombre siguió su camino pero yo estoy segura que en este Pobres era Jesús que me había repetido su llamada…

Después de que terminé mi Escuela secundaria solicité mi entrada en la Compañía de las Hijas de la Caridad. Las Hermanas me dieron la bienvenida.

Y aquí estoy, soy Hija de la Caridad desde hace 13 años y según mis cálculos humanos yo sé muy bien que es la gracia de Dios quien lo hace todo. Es Él quien hace la elección.

Un puede decir que la vida de una persona consagrada es una vida en el Tabor. Se está con el Señor, ve Su cara resplandeciente, está seguro de Su presencia pero hay otra montaña adónde el Señor nos invita de nuevo y también es el lugar de la reunión particular. Es la Cruz. No hay ninguna vida consagrada sin dificultades, sin crisis, sin oscuridad. Es quizás una manera en que el Señor a veces puede estar callado pero es siempre fiel. Es el camino seguido por muchos Santos, entre ellos Santa Luisa de Marillac que aceptó el proyecto de Dios para ella.  Y Dios, como ella misma dijo, nunca le permitió estar sin la oportunidad de sufrir. Nosotros,  Hijas de la Caridad, contemplamos la Cruz porque es el amor de Jesucristo Crucificado el que nos insta a que lo sirvamos en los Pobres.

Zdjęcie2074Todos los años yo renuevo los Votos para decir una vez más mi Sí a Uno que nos ama infinitamente. Yo le agradezco mi vocación y le pido Sus bendiciones para todas las personas con las que yo me encuentro en mi vida, en particular para mis padres que aceptaron mi opción, para mi familia, mis amigos, las Hermanas y los Pobres.

Estos 13 años como Hija de la Caridad son 13 años de inmensas gracias para contarlas. Yo los miro con gratitud. Bendigo al Señor por cada momento que yo pude estar cerca del Pobres como enfermera en una Residencia para personas mayores, después como ecónoma en una escuela y una guardería. Antes de venir a París estuve tres años de maestra en un orfanato dónde había 75 niños que no podrían estar con sus familias por su difícil situación.

Ahora,  estoy en nuestra Casa Madre en el 140 du de la calle del Bac. En esta Capilla escogida por María yo rezo todos los días, por los demás y por mí, y puedo dar Gracias a Dios por mi vocación con alegría y a la que quiero ser fiel hasta mi muerte.

Sor Magdalena, H.C.