Mirada Vicenciana al Misterio de la Encarnación

Los Sacerdotes de la Provincia polaca de la Congregación de la Misión, siguiendo a San Vicente de Paúl y viviendo el Misterio de Cristo presente en la Eucaristía y en los pobres, comparten con nosotros su reflexión personal. Nos complace que esta reflexión unida a las de nuestro Superior general, P. Tomaž Mavrič, CM, compartida con la Familia Vicenciana para Adviento. Agradecidas por estos testimonios, acojámoslos como pensamientos sobre el misterio de la Encarnación y como una ayuda para Adviento y Navidad.

FocusOn_122016_1Ver el mundo a través de la Eucaristía
Antes de entrar en el Seminario yo tenía una imagen incierta de Dios. Esta imagen era buena y positiva, pero – yo diría – borrosa. A lo largo de los años de estudiar esta imagen iba siendo más clara y profunda. Dios era descrito por los cuadros bíblicos y las definiciones teológicas: ¡Bellísimo, Trino, Magnífico! Cuando celebré mi primera misa en la estampa recordatorio puse una inscripción: “¡Yo digo al SEÑOR, Tu eres mi Señor, Tu eres mi único bien” (Sal. 16). Después de la Ordenación, cuando empecé a tener en mis manos cada día la Sagrada Forma, llegué a la verdad de que Dios se había hecho Hombre y había muerto en la Cruz para mi Salvación! ¡Y Él se quedó en un trozo de Pan y estará con nosotros hasta al fin de los tiempos! La conexión entre el Jesús presente en la Eucaristía y presente en la persona del pobre se hizo obvia para mí. Y éste es el centro de nuestra espiritualidad Vicenciana. Por eso, a los 25 años de Sacerdocio escribí en la estampa de mi 25 aniversario: “Señor, gracias por los 25 años viendo el mundo a través de la Sagrada Eucaristía en pie ante el Altar… “La Sagrada Eucaristía lo cambia todo. ¡Yo – sacerdote Marcin – no puedo imaginar un solo día sin ver el mundo a través de ÉL!

P. Marcin Stasiowski, C.M.

“El amor creativo hasta el infinito” (SV)

San Vicente de Paúl a los pies de la cama de un cohermano enfermo, le habla de las señales visibles del amor de Dios a Su pueblo. Cuando él reflexiona sobre la Eucaristía, fascinado por este gran misterio de nuestra fe, dice esta famosa frase: “El amor es creativo hasta el infinito”. La Eucaristía – el mayor don de Jesús y el tesoro más precioso que tenemos en la tierra. ¿Quién podría imaginarlo antes? Los “Vicencianos” saben sorprender a sus prójimos con la bondad, con encontrar la solución para el problema de él/ella, o sencillamente estar y poner un poco de alegría. Una sonrisa de una persona enferma que no esperaba una visita; una alegría del niño que ya se había acostumbrado a pensar que él no iría a la escuela este año; un entusiasmo de los miembros del barrio que descubren que la Comunidad eclesial de Base local puede dar una solución a muchos de sus sufrimientos; el buen humor de una persona sola después de recibir un sms con saludos cordiales y muchas otras reacciones similares nos muestran que el amor puede ser inventivo hasta el infinito.

Nosotros podemos experimentar esto gracias al Hijo de Dios que se hizo Hombre y mora entre nosotros; gracias a San Vicente de Paúl que nos dio ejemplo de amor a Dios y al prójimo; gracias a tantos hombres y mujeres que, respondiendo las necesidades de los demás, demuestran con sus hechos que el amor es inventivo hasta el infinito.

P. Stanisław Deszcz, C.M.

FocusOn_122016_3Nochebuena en Bielorrusia

Desde el comienzo de mi vida consciente he estado maravillado por el misterio de Dios que se hizo Hombre. Cuando pienso en mi niñez y en las primeras emociones relacionadas con el Nacimiento recuerdo estar fascinado por la sencillez de los pastores: ¿cómo es posible, que los Ángeles revelaran el Misterio de la Encarnación antes a ellos? Yo entré en el mundo de los adultos con esta misma pregunta; durante mis estudios buscaba una respuesta al ministerio, lectura teológica, charlas… yo estuve aquí y allí… pero un día, al final de 1995, encontré la respuesta, cuando me senté en la mesa de Nochebuena con los Pobres de un pequeño pueblo de Bielorrusia, ellos no eran las personas de la lista de la Caritas local, ni las de los anuncios de la Parroquia, elegidos por alguien… ellos vinieron con lo que tenían: un pedazo de pan, un poco de queso, un pastel, pero – sobre todo – con sincera gratitud y amor. Ellos se sentían en casa bajo el techo Vicenciano. Cada uno de ellos encontró su propio lugar a la mesa y compartieron conmigo un pan tradicional con las lágrimas en los ojos, felices de considerarme como a un hijo. Yo nunca me había sentido hijo de tantas madres y padres como me sentí aquella tarde santa en Bielorrusia. Esa Nochebuena está todavía presente en mí, desde que El Trino no sólo me dio a Su Hijo sino también al pobre que habla del amor de Dios con un idioma muy sencillo.

P. Andrzej Ziółkowski, C.M.