El Carisma de San Vicente – Caridad y Servicio

Anniversary 2

El Carisma de San Vicente – Caridad y Servicio

Vicente ha encontrado su misión con “el primer sermón de la misión. {…} No sabía entonces las consecuencias de su trabajo, visibles todavía en nuestros días. Se empeñará en que se anuncie primero el centro de la doctrina de fe y de amor. Es el hombre de la bondad activa de Cristo que desborda de la misericordia del Padre. {…}

El primer testimonio de san Vicente es el del amor. Su vida no es más que amor y podemos repetir para resumirlo lo que él mismo dice de Cristo: “Sus humillaciones no eran más que amor; su trabajo era amor, sus sufrimientos amor, sus oraciones amor, y todas sus operaciones exteriores e interiores no eran más que actos repetidos de su amor”. San Vicente define el amor que Dios nos tiene y el que debemos demostrarle. Dios nos ama. Jamás duda de ello y nos lo dice claramente, con palabras familiares: «Bien, ¡alabado sea Dios! ¡Alabado y glorificado por siempre! Sí, hermanos míos, cuando Dios coge cariño a un alma, la soporta, haga lo que haga. ¿No habéis visto alguna vez a un padre, que tiene un niño pequeño al que ama mucho? Le deja hacer a ese niño todo lo que quiere y hasta llega a decirle: ‘Muérdeme, hijo mío’. ¿De qué proviene todo esto? De que ama a ese niño. Pues lo mismo se porta Dios con nosotros, hermanos míos”.

Pero Dios quiere que le amemos. Corazón abierto, hacer su voluntad, caridad en acto. Dice: “Se trata de amarlo más que a cualquier cosa “, y gusta repetir que la caridad hace que vayamos hacia Él.

En consecuencia San Vicente nos muestra el buen camino. Si el amor de Dios y por Dios es la fuente de su vida, la caridad con el prójimo – esto no es una revelación, todo el mundo lo sabe – es el alma de su vida. Vive el Evangelio con fuerza y perseverancia. El Amor de caridad es el gran motor de su vida y de su acción.

“Es más meritorio amar al prójimo por amor a Dios, que amar a Dios sin aplicación al prójimo.” (XII, 261).

Y argumenta que si tengo vocación de inflamar el mundo, debo “inflamarme en amar a aquellos con los que vivo”: ¿cómo daremos a otros la caridad, si no la tenemos entre nosotros? (XII, 263).

Somos, a ejemplo suyo, los embajadores y artesanos del Amor hacia los pobres.

De: “Profecía y esperanza”, Fr. Jean-Pierre Renouard, C.M, Eco de la Compañía, 2009,4.