Origen de la Compañía

El tiempo de Dios no es el de los hombres

¿Quién hubiera creído que iba a haber Hijas de la Caridad cuando algunas llegaron a las primeras parroquias de París? No, hijas mías, yo no pensaba en ello; vuestra hermana sirviente tampoco (la Srta. Legras), ni el Sr. Portail. Era Dios el que lo pensaba por vosotras. Es Él, hijas mías, el que podemos decir es el autor de vuestra compañía; lo es verdaderamente mejor que ningún otro”.

San Vicente de Paul, Conferencia del 14 de junio de 1643, párrafo 2

Comienzos

La compañía de las Hijas de la Caridad nació imperceptiblemente, como las cosas de Dios. El espíritu de Dios sopló en los corazones de varias personas, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac y Margarita Naseau. Acontecimientos sucesivos y significativos marcaron su vida y reconocieron, poco a poco, los pasos de Dios.

Vicente de Paúl descubrió la miseria material y espiritual de las gentes de los campos. En 1617, en Chatillón les Dombes, el encuentro con una familia pobre, le impulsó a reunir a señoras de la burguesía local. Vicente fundó las “Cofradías de la Caridad”. El objetivo era organizar la ayuda material y el acompañamiento espiritual, para que cada día, los pobres estuvieran mejor atendidos y pudieran tener  fuerza para salir adelante.

Luisa de Marillac siempre fue sensible a las dificultades de su entorno, incluso antes de encontrar a Vicente de Paúl ella visitaba a los pobres. Su corazón estaba abierto y con su gran fe y atenta a las necesidades de los más humildes, a petición de Vicente de Paúl fue a visitar a las primeras “cofradías de la caridad”.

Vicente y Luisa perciben que el servicio directo de los pobres no es fácil para las señoras de la nobleza o la burguesía. Es difícil, en efecto, pasar la barrera de las clases sociales. Estas señoras van a llevar comida, distribuyen ropa, cuidados y consuelo. ¡Visitan pocilgas, con bonitos vestidos a personas que les parecen rudas; es un formidable desafío! Existe una verdadera tensión entre los ideales del servicio y la constricción social muy reales. El entorno familiar de las señoras no es siempre favorable a  estas obras.

Margarita Naseau, una campesina de 34 años, de Suresnes, había aprendido a leer por sus propios medios, preguntando a las personas que consideraba instruidas y que se cruzaban  en su camino, para formarse. Ella abrió en su aldea, con otras jóvenes, el aprendizaje de lectura para los niños. No tenía otra intención que servir a Dios. Se encontró con Vicente de Paúl durante una de las misiones de evangelización de los Paúles. En 1630, se unió a  Vicente y a Luisa, en París, que le proponen ayudar a las señoras de las cofradías.

Luisa tiene la intuición de que las jóvenes  como Margarita, podrían asegurar el servicio concreto y cotidiano de los más pobres. Vicente es feliz de que las sencillas campesinas puedan ayudar a los pobres. Pero el hecho de crear dos grupos de pertenencia social diferente, uno distinguido,  las señoras, y  otro con las humildes jóvenes de los campos, no le parece aceptable. Después de tres años de reflexión, sus pensamientos se unen.

Tres historias, tres vocaciones se cruzan y se unen para el servicio de los pobres. Las dificultades de las cofradías, abren por fin el camino a una nueva creación: la Compañía de las Hijas de la Caridad que nació el 29 de noviembre de 1633.

Evolución

Estas Hijas de la Caridad difieren de otras Congregaciones religiosas de la época, porque tienen que ir al encuentro de los pobres, visitarlos en sus casas y, por ello, debían mantener la movilidad y la disponibilidad necesarias y vivir en  medio de las personas a las que sirven.

Ellas tendrán, según san Vicente,

por monasterio, la casa de los enfermos

por celda, una habitación de alquiler

por capilla, la iglesia de la parroquia

por claustro, las calles de la ciudad

por clausura, la obediencia,

por reja, el temor de Dios

por velo, la santa modestia… y una confianza continua en la divina Providencia…

Muy pronto, en su historia, las Hijas de la Caridad expresaron el deseo de confirmar su entrega a Dios por los votos; que fueron anuales, no perpetuos. Esta especificidad siempre es actual, hacen cuatro votos: servir a los pobres y de castidad, pobreza y obediencia; son votos emitidos según sus Constituciones y Estatutos y reconocidos por la iglesia.

Las primeras Hijas de la Caridad cuidaban de los pobres enfermos en sus casas. Más tarde, los cuidaban en los  hospitales, se ocupaban de la educación de las niñas en las escuelas,  de los niños expósitos. Por fin también sirvieron a los galeotes,  los soldados heridos, los ancianos, los enfermos mentales,  los marginados; iban a todos los lugares y toda persona que estaba en situación de necesidad era objeto de sus cuidados.

La Compañía fue muy pronto internacional.

El espíritu misionero que se desarrolló desde los principios, llevó pronto a las Hijas de la Caridad a ir más lejos. Polonia fue la primera etapa internacional de la Compañía. Actualmente está extendida por el mundo entero e intenta responder con creatividad y audacia a las llamadas de la iglesia y de los pobres, con respeto a las diversas culturas.

La Compañía de las Hijas de la Caridad cuenta hoy con 18.284 Hermanas, de las que 742 están en periodo de formación. Las Hermanas están presentes en 93 países,  71 Provincias canónicas y en 1 región, con 2.169 casas y 77 anexos.

La misión  ”Ad Gentes”,  está en el centro de la vocación de las Hijas de la Caridad.

El envío misionero de las Hermanas al mundo entero, Misión Ad Gentes, está en el centro de la vocación de las Hijas de la Caridad.