Mi Vocación

Mi vocación al servicio de los pobres “Nuestros señores y amos”

¿Cómo nació mi vocación? Es una historia muy larga, ha habido tantos acontecimientos.

Cuando tenía 10 años y estaba pasando una experiencia triste de mi infancia pedí ayuda al Señor y Él me ayudó; desde ese momento nunca me ha dejado en el camino de mi vida. Desde entonces, cada vez que tenía problemas iba ante el Santísimo Sacramento y allí encontraba la paz, dentro y fuera de mí misma. Aún ahora me sucede así, escucho con frecuencia canto que me ayuda a sostenerme: “El Señor es mi salvación”.

Cuando era niña, ¡deseaba tanto poder recibir la Primera Comunión!, pero no era posible porque nuestra economía no era suficiente ni siquiera para comer. Pero, un día en la Misa del domingo, el párroco dijo que, para recibir la primera comunión era suficiente que un niño viniera con su atuendo dominical. Tan pronto como escuché este mensaje, me fui a casa con gran alegría en mi corazón y se lo dije a mi madre; ahora podría recibir mi primera comunión.

Al año siguiente tuve la gracia de recibir el Sacramento de la Confirmación. Después de recibir estos sacramentos empecé mi compromiso en la parroquia y comencé a prestar pequeños servicios (catecismo, canto); la parroquia se convirtió en mi segundo hogar y allí era feliz en todos los sentidos.

Los años pasaban y yo crecía entre altibajos. A los 20 años dejé de ir a la iglesia, estaba siempre encerrada en casa, pero gracias a la ayuda de algunos amigos, me acerqué nuevamente al Señor y gracias a un sacerdote que me ayudó a comprender que era importante para mí tener un diploma, me ayudó a estudiar y gracias a él me gradué. Alcancé así otro objetivo en mi vida y recuperé la confianza en mí misma.

Después de varios años volví a caer en una oscuridad total. Una vez más, me encerré en casa, hacía trabajos extraños y mi vida transcurría sin ningún interés.

Después de un tiempo, una amiga me invitó a asistir a un campamento escolar. Al principio dudé porque pensaba que un campamento escolar marcaba el final del viaje de un año social en la Iglesia. Pero, animada por el sacerdote participé y me sentí acogida y querida. También encontré al amor de mi vida: el Señor.

Después del campamento escolar, comencé a discernir cuál era el camino más adecuado para mí. Gracias a la ayuda de un guía, día tras día, crecía en mi conciencia que el Señor me quería para sí.

Asistí a las reuniones de un grupo de jóvenes que se reunían para responder a los problemas sociales, pero esto no era suficiente porque sentía la necesidad de un grupo más específico. Entonces, a través de una querida Hija de la Caridad, participé en un grupo vocacional y al mismo tiempo me ofrecí como voluntaria para el servicio vicentino.

Después de algunos años de discernimiento, y de varias experiencias en diversas comunidades religiosas, decidí dejar a mi familia para servir al Señor en la compañía de las Hijas de la Caridad. Hoy, a los veinte años de vocación, estoy segura de mi gran elección y, a pesar de altos y bajos, soy feliz de pertenecer al Señor y servirlo en los pobres, “Nuestros amos y señores”.

Sor Pasquina Tola