Mi Vocación

“Oh Dios, nos entregamos por completo a ti”. San Vicente

Soy de Bielorrusia. Conocí por primera vez a las Hermanas cuando tenía 10 años. Por entonces vivíamos en Szumilino, en el Noreste del país, donde no había ninguna iglesia. El templo ortodoxo más cercano estaba en la ciudad vecina y allí fui bautizada, pero no asistíamos a la iglesia. Cuando llegó un sacerdote católico a Szumilino en seguida llegaron también las Hijas de la Caridad. Al principio se celebraba la santa misa en una casa privada, donde yo iba a menudo con mi papá. Recuerdo mi primera impresión cuando vi a las Hermanas: eran felices y abiertas. Enseguida comencé a ir con ellas a la catequesis. No recuerdo mucho su enseñanza, pero sí que me gustó.

Después de un tiempo, nuestra familia se mudó a Mińsk, parte central occidental de Bielorrusia, así que perdí el contacto con las Hermanas.

Cuando fui a Szumulino en vacaciones, me inscribí en una peregrinación a pie al santuario de Nuestra Señora de Budsławska. Esta primera peregrinación fue un punto de inflexión en mi vida. Durante esa peregrinación, tuve una infección grave en la pierna, y yo no me daba cuenta de que era algo serio. Una de las Hijas de la Caridad, que iba en la peregrinación como enfermera, se enteró de que no estaba bien y me cuidó de hasta el final de la peregrinación. Yo era como una oveja pequeña que tenía una pierna lesionada, no podía caminar y necesitaba que el Pastor me llevara. Así es como me sentí con el cuidado de la Hermana. Aunque hubo un momento en el que literalmente me cargó sobre sus hombros.

Después de este evento, me uní tanto a las Hermanas (y por medio de ellas a Jesús) que me quedé en Szumilino durante todo el verano y las ayudé en su trabajo con los niños. Después de regresar a Mińsk, las llamaba con frecuencia. A partir de entonces, comencé a pensar en entrar Hija de la Caridad. Pero todavía tenía tiempo.

Más de una vez pensé en tener mi propia familia, pero el deseo de dedicar mi vida a Dios no me abandonó. A veces parecía que este camino no era para mí, pero después la sed de dedicarme al Señor regresaba nuevamente con mayor fuerza.

Al llegar el momento del examen de admisión cada vez estaba más convencida de mi decisión e inmediatamente, después de aprobar el examen, fui a las ver a las Hermanas para expresarles mi deseo de ser Hija de la Caridad. No esperé mucho tiempo la respuesta, y fui aceptada para comenzar la formación inicial.

Estoy feliz de haber respondido a la llamada de Jesús, aunque hasta el día de hoy me pregunto: ¿por qué yo? A veces, cuando lo pienso, me siento sorprendida y agradecida al mismo tiempo; y así es como me cautivó Jesús …

Sor Julia, Provincia de Varsovia, Brest, Bielorrusia