Voz de las Hermanas

Hija de la Caridad ¿Por qué no?

Siempre que rastreo el Evangelio, descubro a Jesús enamorado del pobre, del pequeño, del que no cuenta…
Sentirme elegida por Él es seguir sus huellas, es descubrir en la oración que me pide ser su testigo, hacerle la ofrenda de mis manos para servirle, de mis labios para hablar de Él, de mis pies para acompañarle y salir al encuentro de quien me necesite, del pobre.
Ser Hija de la Caridad es devolverle, desde mi pobreza, todo lo que me ha regalado y sentir que me llama Hija de la Caridad.

Sor Socorro Campos, Provincia Madrid-Santa Luisa

 
“Todos deben reconocer a una hija de la Caridad: Sencilla y verdadera, humilde sin rebuscamientos, desprendida de sí misma; atenta a las necesidades de los demás; Disponible; Verdaderamente nacida del amor de Dios para dar a todos este amor…(Sor Guillemin 19/9/1964)
Este es el programa de una vida en camino determinada por una tensión constante al ideal.
No puedo decir que fue un acontecimiento especial lo que me hizo comprender que el Señor me llamaba, pero me sentí “impulsada” a dedicarme a tiempo completo a al prójimo en una elección de vida distinta a la del matrimonio cuya forma no tenía claro… Lo que finalmente me hizo decidirme fue el encuentro con una Hija de la Caridad sencilla y auténtica, atenta a las necesidades de los demás.
En el transcurso del tiempo las exigencias de la vocación se han manifestado, he pasado por momentos turbulentos que me han revelado como soy a mí misma y momentos de alegrías en mis relaciones fraternas significativas. He experimentado y experimento, como dice el salmo que “El Señor vela por ti cuando sales y cuando entras…” Su fidelidad me sostiene, me compromete en su presencia en los Pobres nuestros Señores que son una escuela de vida que me mantiene anclada en una espiritualidad concreta.
Me dirijo a ti, joven, que te sientes atraída por una Fuerza fascinante y misteriosa, a responder con el SÍ a Aquel que te ama con un Amor eterno y que a través de ti – quiere amar especialmente a los Hermanos más abandonados.

Sor Paola Mollo, H.C. 47 años, 22 de vocación.