Mi Vocación

“¿Cómo agradeceré al Señor todo el bien que me ha dado”? Sal. 116

En primer lugar, quisiera dar gracias a Dios por llamarme a la vocación humana, cristiana y a la vida consagrada. Por esto último hoy doy miles de gracias a Dios, a mi familia por permitirme seguir mi sueño, que se ha hecho realidad, y a mi familia religiosa que desde el momento en que expresé mi deseo, me acogió para seguir mi vocación específica de servicio a Cristo en la persona de los pobres.

Gracias a todas las Hijas de la Caridad, que contribuyeron a mi formación directa o indirectamente, de manera privada y perceptible.

Celebrar mi jubileo de vida consagrada significa ser testigo de la fidelidad de Dios. Él siempre es fiel a sus promesas. Estos 25 años de vocación también dan sentido a lo que he aprendido y continuaré aprendiendo: he aprendido a ver a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo, me he dado cuenta de que Cristo es el centro de mi vida, he aprendido a tener alegría, paciencia, escucha, amor incondicional, tolerancia, humildad, sencillez, caridad, respeto, perdón mutuo y mucho más.

¡Gracias, ¡Dios mío, por todo!

Sor Daría Izabel E. Lipangue H.C, Provincia de Mozambique