Mi Vocación

Me llamo Marisa, la quinta de cinco hijos, hija nacida en la madurez, y me siento como un regalo del Señor porque mis padres dijeron sí a la vida después de haber tenido su cuarto hijo con síndrome de Down: mi hermano Gianni, el más preciado regalo para mí y mi familia.

Yo he sido una niña tranquila, soñaba con tener una familia con muchos hijos e ir a misiones, pero el Señor tenía otros planes para mí. Estaba muy comprometida en la vida parroquial, me formé en Acción Católica. Incluso cuando era niña aprendí de mis padres a cuidar a mis hermanos y hermanas más frágiles y pobres y a ser caritativa en silencio. Mi madre me decía siempre “nadie debe saber lo que hacemos”.

A los 15 años, después de un accidente con Antonella, mi mejor amiga, empecé a pensar que quizás podría cuidar enfermos y al año siguiente comencé el curso de enfermería. Desde ese momento mi vida cambió, el contacto con los enfermos dio un enfoque diferente a mi vida; aunque continuaba siendo asidua en mi parroquia, me sentía insatisfecha y dentro de mí una voz me decía: “No quiero nada de ti, te quiero a ti”.

Conocí a las Hijas de la Caridad en las salas del hospital y su forma de servir me emocionó y fascinó y comencé un camino de acompañamiento espiritual. La frase que me acompañó en mi camino fue “Te he amado con amor eterno; eres preciosa a mis ojos”. A pesar de ello, fue difícil decir sí, porque pensaba que ya tenía una misión en mi familia. Pero el Señor me sedujo y me dejé seducir descubriendo que el Señor de la Vida es Providencia y ternura. Soy muy feliz de ser Hija de la Caridad desde hace casi 25 años y doy gracias al Señor que me eligió para ser su pequeña sierva de los pobres. Desde hace tres años vivo en un hogar que acoge a personas con VIH y aquí estoy aprendiendo que, para amar, primero debes dejarte amar. Estoy experimentando que solo el Amor cura cada herida y hace volver a esperar y a vivir.

Doy gracias al Señor porque me permite vivir cada día en fraternidad con mis Hermanas, escuchar Su Palabra, alimentarme de ella y servirle en mis hermanos y hermanas más frágiles.

Sor Marisa Pitrella, Provincia San Vicente Italia