Mi Vocación

LA ALEGRÍA DE RECIBIR LA ELECCIÓN DE DIOS

“En ti está la fuente de la vida; por tu luz vemos la luz”.

Soy Sor Nadège Laure MBOMEN TCHAMBA, Hija de la Caridad de la Provincia de Camerún. Hace unos tres o cuatro años escuché en mi corazón la llamada del Señor.

De hecho, cuando iba a la escuela primaria, me impresionó la actuación de Sor Marie Hélène MONFO, mi directora (Hija de la Sagrada Familia de Bafoussam, mi diócesis de origen). Era dulce, sencilla, acogedora y trabajadora. Siempre sonriendo, nunca levantaba la voz, sabía cómo acoger en cualquier circunstancia a cada niño con amor y ternura, a diferencia de la violencia con la que casi todos a mi alrededor; en resumen, ella era diferente. Cada vez que tenía que reprender a una niña, lejos de gritarle o pegarle, la llamaba, la escuchaba y la aconsejaba. Ante esta actitud, me dije a mí misma: “Solo una hermana puede actuar con tanto amor, dulzura y ternura”. Este es el elemento que despertó mi vocación.

Un día, nuevamente impresionada por esta actitud de mi directora, les dije a mis padres que quería ser Hermana. La respuesta fue entonces una sonrisa: “Estos son sueños de los niños pequeños”. Mis padres no creían en esto, pero a medida que crecía, crecía también en mí ese deseo.

Dos o tres años después, cuando Sor Hélène fue destinada a otro lugar, yo quería irme con ella, pero ella me dijo: “Estudia hasta que obtengas tu certificado de primaria y secundaria y vendré a por ti”. Su respuesta me tranquilizó y, desde entonces, tuve prisa por obtener mi título al final de la escuela primaria. A los 10 años, yo quería comenzar ya mi Formación para ser Hermana, pero mi padre me animó a estudiar hasta el BEPC y el Bachillerato.

Quería ser Hermana, pero no sabía de qué instituto.

Dos años antes de obtener mi título de bachillerato, tuve la gracia de que mi párroco me dio el folleto de Hijas de la Caridad. Cuando lo leí, supe de inmediato que aquí era donde el Señor me quería. Mi corazón se llenó de alegría y gratitud hacia Dios y hacia mi párroco, me puse en contacto con ellas y desde entonces caminé con las Hermanas hasta que ingresé al Pre-Postulado. Mi párroco velaba silenciosamente por mi vocación.

El Señor me guio paso a paso, a través de la alegría y el dolor. Durante mi camino vocacional, incluido el postulado, el seminario, la formación inicial, el envío en misión, pasé por momentos muy difíciles (enfermedad, dificultades familiares, fallecimiento de uno de mis padres, grandes malentendidos) y, a veces, dudas sobre mi vocación, fui tentada a dejar la Compañía; pero en su amor y gran misericordia el Señor siempre ha sido capaz de iluminarme para seguir mi camino y, en el momento adecuado me proporcionó la persona que podía ayudarme a salir de la oscuridad en la que estaba. A través de diversos medios y eventos, el Señor me dejó claro que Él me quería en la Compañía y me llenó de alegría, esperanza y perseverancia.

Para mí es una gran alegría saber que soy amada y elegida por el Señor y su Santísima Madre; confiar en este amor es la fuerza que me mantiene en el camino, a pesar de los vientos contrarios. Gracias a su misericordia para conmigo, también aprendí a ser misericordiosa con los demás: “La misericordia libera el corazón, restaura la vida y me hace ver en el otro a mi hermano, a mi hermana”.

Sé que, con Jesucristo, mi luz, la asistencia orante de la Virgen María, única Madre de la Compañía, nuestros Santos Fundadores y todas las personas virtuosas que nos precedieron en este camino, todo es posible; Yo lo sé y tengo que acreditarlo.

“El amor del Señor no se agota, su compasión se renueva cada mañana”.