Personas sin techo en Fortaleza

homeless.1[Provincia de Fortaleza – Brasil] No hay necesidad de ir demasiado lejos. En las plazas, en las aceras, pidiendo dinero en los semáforos o durmiendo bajo un árbol. Ésta es la realidad diaria de aproximadamente 4.500 personas en la ciudad de Fortaleza. Fortaleza, según un estudio realizado este año por una ONG mejicana, es la séptima ciudad más violenta en el mundo y la segunda en Brasil. Según el Ministerio de Trabajo, Desarrollo Social y Lucha contra el Hambre (Setra), los sin techo de Fortaleza son invisibles para muchas personas y asustan a una gran parte de la población.

El número de personas sin hogar ha crecido como resultado del crecimiento de la población en el uso de las drogas, un deterioro de los lazos familiares y el desempleo. Y con todo esto, terminan en la calle que es el “fondo”. El consumo y la adición al crack ha ido aumentando cada vez más entre los sin hogar, sobre todo entre la juventud y los niños.

Debilitados por las circunstancias, las personas en las calles en Fortaleza encuentran la protección para la vida cotidiana en las calles de la Capital sólo en ellos mismos. Dependiendo principalmente de ellos para sobrevivir,  están a merced de las drogas, el alcoholismo y la caridad de algunas personas. Y la gente en general, y la sociedad, se han acostumbrado a la presencia de las personas sin hogar, como algo normal; ya no se indignan con  esto. Ésta es la situación más problemática e increíble: la incapacidad de la sociedad para indignarse ante este creciente número de personas que se están manteniendo en el borde de todas las cosas básicas que ofrece la sociedad como comida, higiene, baño y ropa limpia.

Cada persona sin hogar es Cristo amenazado de muerte. “En verdad os digo  que  cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25:40). Las Hijas de la Caridad de la Provincia de Fortaleza no son indiferentes o insensibles a los que son excluidos y marginados por la sociedad y su realidad. Por la noche, vagamos por las calles y plazas abandonadas de la capital,  vamos hacia los que nadie quiere ir. Les llevamos comida para el cuerpo y atención de todos sus dolores y lesiones. Nuestra meta es, no sólo es el servicio corporal, sino también el servicio espiritual. Dedicamos nuestro tiempo para servirlos y confiar nuestra misión a Dios: a hacer a Dios presente entre los pobres cualquiera que sea su necesidad. Nuestro carisma está vivo y activo, pero requiere amor, cuidado, dedicación, intrepidez y creatividad.

“Una Hermana irá diez veces al día a visitar a un enfermo, y diez veces al día encontrará allí a Dios”. (IX, 199). La tarea no es fácil. La jornada es ardua y a veces peligrosa. Pero lo que nos impulsa y motiva a estar con las personas sin techo es nuestro amor a Jesucristo. ¡Lo que hacemos al pobre, se lo hacemos al propio Cristo!

  Las hermanas de la Comunidad de la Casa Provincial  

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