Vivir mi Fe aquí y ahora

OLYMPUS DIGITAL CAMERA[Venezuela] Sólo  la fe, el gran don que Dios me hace cada día, puede movilizar todo mi ser, sirviendo a Cristo, centro de mi vida, en la persona de los pobres. Y si  “…la fe  crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo” (Porta fidei), yo se, que del Señor recibo todo el amor que él quiere que trasmita gozosamente, porque es gracia para compartir. Es en la Eucaristía, en la oración y meditación de la Palabra donde siento que  crece, madura y se fortalece mi fe, así como al compartirla con mi Comunidad.

 En este momento, tras dar un salto de continente, esa “experiencia de gracia y gozo” que el Señor quiere que trasmita es a un grupo de adolescentes embarazadas, o ya con niños, con las que, junto con mi Comunidad, en la que encuentro apoyo y fuerza,  tratamos de compartir  con ellas vida y  fe. Son jóvenes adolescentes de trece, catorce, quince años, todas  menores de dieciocho, con historias tan duras, en ocasiones con vidas tan rotas, que supone una carga demasiado pesada para unos hombros frágiles por la edad y debilitados  por la enfermedad, o por las vivencias traumáticas pasadas. Comprender y acompañar esos procesos implica vivir desde la fe la llamada del Señor a acogerlas  “con dulzura, compasión, cordialidad, respeto y  devoción” (S. Vicente 11-11-1657). Son adolescentes que con la rebeldía propia de la edad y con sus dificultades añadidas, no pueden entender y tardan en asumir, si es que lo consiguen, una situación tan difícil. También para nosotras entraña una gran dificultad, es un sufrimiento tener que aceptar que niñas tan pequeñas tengan que pasar lo que pasan y decimos con S. Vicente “…realmente me preocupa la Comunidad, pero el no saber que hacer y como atender a tantos pobres (estas jóvenes), eso constituye mi peso y mi dolor.”  Esa misma dificultad genera muchas veces conductas en las que se nos hace difícil saber qué necesitan en ese momento y  es sólo “volviendo la medalla” cuando se hace posible vivir la situación y desde la fe encontrar al Señor en esa realidad.

La fuerza de la fe nos lleva a vivir la cercanía y la ternura, junto con la firmeza como único lenguaje que ellas pueden entender. Es la fe la que nos dice que podemos ayudarlas a optar por una cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. Por la fe sabemos que toda persona tiene dentro de si capacidades enormes para salir adelante porque Dios nos las da, y que la persona no puede quedarse en el dolor porque puede transcender sus traumas y dificultades. Es en definitiva tratar de que comprendan el amor que Dios las tiene y que su corazón está abierto para ellas.

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 Hay en medio de todo un pequeño “oasis”, son los niños que para las mamás se convierte en alguien mas por quien luchar y para nosotras con su inocencia, alegría y confianza ciega en las Hermanas, junto con su cariño, nos muestran sin dificultad el rostro de Dios en ellos.

La fe y esperanza, cada día nos va diciendo, que merece la pena entregarse de lleno a esta labor porque a pesar de la dificultad se va viendo como la gracia actúa y poco a poco se percibe el cambio. Cada joven que sale de la obra preparada para enfrentar la vida y salir adelante con su trabajo es para nosotras un estímulo a seguir caminando y a dar gracias al Señor.

Es también un estímulo a nuestra fe el ver tantas personas que desinteresadamente y casi en su totalidad por un compromiso cristiano, colaboran con nuestra labor a favor de estas adolescentes y sus niños. Son profesionales de distintas ramas, grupos, empresas y particulares cada uno desde sus posibilidades pone su grano de arena para que esta Obra siga adelante.

Por último diría que desde la fe me veo dentro de la misión de la Compañía y de la Iglesia, misión a la que estemos donde estemos somos llamadas “hacer lo que el Hijo de Dios hizo en la Tierra” (S. Vicente), a vivir lo que Jesús vivió apasionadamente y de la que hizo su causa, a la que dedicó todas sus fuerzas, toda su vida, a anunciar que el Reino de Dios ya está aquí y es para todos (conf. Lc 11,20).

Sor Ramona  Alonso – Misionera española 

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