Jornada Misionera de las Religiosas, USMI, Diócesis de Sassari, Cerdeña

[Provincia de Cerdeña] Sor Anna Anedda, H.C., delegada diocesana ante la Unión de Superiores Mayores en Italia (USMI), propuso que la celebración de la Jornada Misionera de las religiosas 2019 tuviera lugar en la Capilla de la Casa Santa Luisa del Hijas de la Caridad. Hay allí muchas Hermanas que, debido a su edad o enfermedad, ya no llevan a cabo ningún “servicio”, pero permanecen en “servicio”, en misión, dentro del corazón de la Iglesia con la oración, la ofrenda de sus sufrimientos y su amor a la humanidad, como Santa Teresa de Lisieux.

En su homilía, el padre Franco Granata del Convento Carmelita de Sassari, que presidió la celebración Eucarística, subrayó que nada puede detener al que sigue amando, ni la edad, ni la enfermedad, ni un ambiente hostil. La Eucaristía fue concelebrada por el Rector del Seminario, el director del Centro Diocesano de Vocaciones y el Padre Joseph del Convento de Santa María; estuvieron representadas casi todas las congregaciones religiosas de la ciudad, en particular la Madre Adriana Reis Miranda, Superiora General de las Hermanas Pías Educadoras de San Juan Evangelista de Sassari y la Madre María Scalas de las Hermanas de Getsemaní, también de Sassari.

Hoy, la profesión religiosa no requiere un cambio de nombre como en el pasado; hombres y mujeres consagrados retienen el que recibieron en el bautismo, que es la primera llamada verdadera. La misión nace en la fuente bautismal. Bautizados y enviados como todos los cristianos. Enviados no necesariamente a tierras lejanas sino a donde la obediencia los envía, como nos enseña la patrona de las misiones. Durante la adoración ante el Santísimo Sacramento, que siguió a la celebración eucarística y antes de que el Padre Ilario Bianchi concluyera la oración con la bendición, se ofrecieron cinco velas para representar las expectativas, esperanzas, alegrías y sufrimientos de los pueblos de los cinco continentes.

Un mundo de rápidos cambios, como este, tiene necesidad de la luz y el calor del Evangelio que puede ser abrazado en cada instante por todo creyente. A través del amor, se puede llegar de inmediato a todos los rincones de la tierra, incluso a la aldea más remota de Madagascar, Brasil o India. Esto es lo que hizo la pequeña Teresa que comprendió que “en el corazón de la Iglesia, mi madre, seré amor y seré todo”.

Don Antonio Canu

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