Sesión para Hermanas de 11 – 24 años de vocación

DSC02651[Casa Madre] Como nuestras Hermanas italianas, tengo un gran sentimiento de gratitud y de haber vivido una experiencia  privilegiada de renovación y de encuentro en profundidad.

En primer lugar lo que, aún hoy, me afecta es la experiencia de comunión en la diversidad, la fascinación de esos rostros,  reflejo del mundo entero, con un corazón, el don gratuito de Dios: la misma llamada, el mismo deseo de ser lo que estamos llamadas a ser que nos une profundamente unas a otras, más allá de nuestras limitaciones y de nuestro pecado. Hay un deseo de vivir en comunión con Dios y con los que son pobres.  Esta alegría de comunión me ha llevado a la profundidad de nuestra vida en la comunidad local dónde todo lo que nos une es más de lo que nos divide.

El P. Patrick Griffin, que fraternalmente nos acompañó en toda la sesión, y los demás ponentes, nos dieron pistas para reflexionar sobre nuestra vida comunitaria y ver cómo podemos profundizar en nuestra espiritualidad de comunión.

“¿No ardían nuestros corazones… cuando oíamos hablar a los diversos ponentes sobre  los fundamentos de nuestra vida cristiana y de nuestro ser de Hijas de la Caridad?  A veces, mi corazón se sentía también un poco inquieto cuando nos recordaban las exigencias de nuestra vocación… Pero, no tengamos miedo, “el centro de la radicalidad es el amor” nos recordó nuestra Superiora General. Hemos sido invitadas a cuidar el tesoro de nuestra vocación como la perla de gran valor, utilizando todos los medios ofrecidos por la Compañía y por la Iglesia  para discernir, con la ayuda del Espíritu que nos ayuda a crecer en fidelidad (atreviéndonos a confrontar nuestra vida con el Evangelio y con nuestras Constituciones y Estatutos).

Nuestra vida está inevitablemente influenciada por la sociedad, San Vicente ya nos advertía contra el peligro de la superficialidad. Sor Evelyne nos propuso la siguiente  pregunta, “¿Está Vd. contenta, orgullosa de ser Hija de la Caridad? (…) Sería bueno que cada una de ustedes se interrogara sobre la manera en que vive su vocación y también cómo la ven vivir las personas de su alrededor. ¿Ven a una Hija de la Caridad, o una enfermera, maestra,  educadora,  trabajadora social? “.

También nos han llevado a reflexionar sobre nuestra manera de vivir la obediencia y la disponibilidad para la misión. Personalmente, la presencia y el valor de nuestras hermanas misioneras me incitan a examinar mi compromiso en la Compañía.

De nuevo hemos sido invitadas a examinar nuestra manera de estar con los pobres.  “Podemos estar cercanas, pero eso no es suficiente.  Debemos amar, pero no con un amor cualquiera, sino con el amor que hemos recibido de Dios: un amor verdadero, fiel, libre (…) la Comunión con los pobres es el fruto de nuestra comunión con Cristo”.  (Sor Françoise Petit)

Probablemente todas nosotras oímos de nuevo la llamada a trabajar en la interiorización, a vivir la conversión y a sacrificarnos para vivir nuestro compromiso con radicalidad y coherencia,  alegría y entusiasmo misionero.  Así podemos ser testigos creíbles que no tienen miedo de entrar en diálogo con la incredulidad, la indiferencia, hasta a aceptar eventualmente la cruz.

A lo largo del camino, siguiendo a nuestros fundadores y a nuestras hermanas a lo largo de los siglos, María nos ha enseñado, a nacer a la vida divina en nuestra vida cotidiana, en la realidad concreta de nuestros días”, (Sor Anne Prévost), a acoger, ante todo, la gracia de Dios, a descubrir la grandeza y la dignidad de los pobres” y a “reconocer la obra de Dios en sus corazones y en sus vidas”.

Sor Danielle Roux, Hija de la Caridad,  

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