El tiempo de la brasa

[Provincia España-Sur (SAM)] De todas las imágenes en mi cabeza para representar esta etapa de la vida, he elegido como la más idónea “la brasa”. Ese rescoldo que ha perdido la llama estrepitosa, pero que sigue calentando porque aún está viva. Así debiera ser nuestra vida, un rescoldo de esperanza a través del cual crepiten palabras y actitudes de ternurahacia toda personaque se acerque buscando algo de calor. Esas personas que conviven con nosotras o a quienes servimos. ¡Qué dicha llegar a los 60 y más años fieles a la invitación, que un día nos hizo el Señor diciendo: “Ven y verás”!

Sor Carmen (Consejera general) y Sor Pilar (Visitadora) nos esperaban para comenzar una jornada que no tuvo desperdicio, en términos de brasa, diríamos que careció de cenizas. Un mural a los pies del altar representaba la profunda oración que daría comienzo a este. Con el lema “Las siete Efes de la Fraternidad” : FILIACIÓN – FRATERNIDAD – FIDELIDAD – FELICIDAD – FECUNDIDAD – FESTIVIDAD Y FERVIENTEtodas ellas esenciales para la construcción de la comunidad, como esenciales son los carbones encendidos para que exista la brasa.                                    

Sor Carmen Pérez, a través de diferentes documentos de la Compañía, despertó en nosotras el deseo de una “segunda conversión”. Como preámbulo citó la circular del 1 de enero de 1968 de la Madre Guillemin: “Toda vida consagrada conoce la hora de esa segunda conversión definitiva a la fe, en la que, libre de las ilusiones inherentes en todo comienzo y en plena posesión de su madurez humana y religiosa, le invita Dios a elegir con plena lucidez, a optar por la fe con miras a la caridad”. A continuación, un recorrido sobre las Constituciones y los diferentes documentos inter-Asambleas: Junto al Pozo de Jacob, La Encrucijada, Las Líneas de Acción, La Audacia de la Caridad, para recordamos dos ideas importantes:

  • La necesidad de Formación.
  • La Pertenencia a la Compañía, teniendo presente el sentido de pertenencia a una Compañía internacional.

Citó el documento “A vino nuevo odres nuevos”, pero con la sabiduría de los años, concluyó diciendo que la mejor escuela de formación es la vida, aunque sin olvidar que la formación permanente es un deber que debemos avivar siempre. Para resaltar el sentido de Pertenencia en nuestra vida de Hija de la Caridad, se basó en la C.7.a “Totalmente entregadas a Dios…”y en la C.16.a.b. “El don a Dios tiene su expresión en el servicio a los pobres y a la Comunidad”, “La Comunidad es el primer lugar de pertenencia de las Hijas de la Caridad”. También hizo alusión al artículo “¿Qué entendemos por pertenencia a la Compañía del P. Quintano. Introdujo, en este sentido de pertenencia, la Reorganización de las Provincias como exigencia para vivir un camino espiritual de fidelidad. Hemos de trabajar por mantener viva la unidad entre las hermanas y las Comunidades de las Provincias unificadas. Ya existen en Europa, América del Norte y del Sur y Asia, varias Provincias reorganizadas que, como la de España Sur, están dando ejemplo de unidad y pertenencia. Terminamos la mañana con una reflexión en grupo sobre el texto evangélico de Mc. 12, 28-34. El intercambio de la tarde estuvo basado sobre él. Cada grupo compartió las reflexiones recogidas y, dos ideas prevalecieron durante las aportaciones:

  1. El amor a Dios, a las hermanas y a los pobres son los ejes sobre los que giran nuestras vidas para avanzar en el proyecto que Dios tiene para cada una de nosotras.
  2. El primer lugar de pertenencia de las Hijas de la Caridad es la Comunidad y, esto, aunque existan diferencias entre las hermanas a causa de nuestras debilidades humanas.

EUCARISTÍA: El broche de oro lo puso la Eucaristía de acción de gracias, presidida por el P. José Mª, quien hizo alusión al escudo de la Compañía y a las siete palabras que constituían el mural. Cito sus palabras, que recogen magníficamente las consideraciones del día: “Las siete palabras enunciadas manan de la frase – La Caridad de Cristo nos urge – puesto que todos tenemos la misión de significar y actualizar el amor de Dios en el  mundo, principalmente a los más pobres y excluidos, pero difícilmente haremos visible este amor si no testimoniamos la filiación, la fraternidad, la fidelidad, la felicidad… Finalizada la Eucaristía, cada hermana volvía a su Comunidad, se suele decir con las pilas puestas, pero en este caso, es más acertado expresar con las brasas encendidas.

Gracias a las Hermanas de la Casa Provincial y a todas las que, con gusto y con profundidad nos han ayudado a ¡¡¡AVIVAR LA LLAMA!!!

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