Los espigadores de Santa Ludovica

[Provincia de Cerdeña] A finales de los años cincuenta del siglo pasado en el campo de Campidano, Cerdeña, se veía a los agricultores segando el trigo con la guadaña. Y quienes pasaban cerca de esos campos podían disfrutar del espectáculo viendo a hombres, mujeres y niños que, como las ardillas, corrían de un lado para otro recogiendo algunas espigas que aún permanecían en el campo o habían caído de los carros: eran los espigadores que intentaban recoger un poco de grano para amasar su pan.

San Vicente al comparar a su modesta familia religiosa con las grandes órdenes religiosas de la Iglesia, la llamó una congregación de espigadores.

En Cagliari, capital de Cerdeña, desde hace unos años hay un grupo de laicos con algunas Hijas de la Caridad que, inspirándose en Santa Luisa de Marillac maestra de escuela, han querido llamar a su grupo: “Spigolatori di S. Ludovica “. Son un pequeño grupo de personas que trabajan en la provisionalidad, con pocos o ningún medio y que, conscientes de la modestia de su trabajo, están preparados a desaparecer si son rechazados. Son personas que recogen lo que otros descartan; personas que no buscan la visibilidad, que no llaman a la RAI (Radio-televisión italiana) para ser filmados por la televisión mientras trabajan por los pobres en los cuales ven a Jesús en carne y hueso.

El grupo nació sin pensarlo, casi por casualidad. Los espigadores, que no tenían ni locales ni medios económicos sino solo el deseo de hacer algo bueno por los niños de los distritos más desfavorecidos de Cagliari, se dirigieron a la administración municipal para obtener el permiso de trabajar como maestros de apoyo, en calidad de voluntarios, en una escuela estatal de uno de los suburbios más desfavorecidos de la ciudad.

El proyecto lleva en marcha seis años y mantiene su estilo:

  • Provisionalidad: la autorización para trabajar en una escuela estatal se renueva cada año, sin la certeza de continuidad;
  • Pequeñez: los niños de primaria y de secundaria que pueden recibir esta ayuda hasta el final del año escolar son pocos más que los ciegos y paralíticos que los Evangelios indican como curados por Jesús durante su vida pública;
  • Gratuidad: los voluntarios son reconocidos como tal, entran en la escuela como de puntillas, cuidan de los alumnos menos dotados y con menos posibilidades y no piden nada;

Los “Spigolatori de Santa Ludovica”, conscientes, como su protectora, de que la ignorancia es “un estado de violencia”, tienen la intención de dedicarse a la educación de los niños que están en situación de riesgo de abandonar la escuela, de hecho, los que no pueden acceder a la educación sufren la peor forma de pobreza.

En su trabajo como “voluntarios del conocimiento”, se ocupan de los niños y jóvenes gravemente heridos en su humanidad con la peor forma de dolor que la adversidad de todo tipo reserva al hombre indefenso. ¿Quién es más indefenso que un niño al que se le niega la infancia? En su sufrimiento inconsciente, estos muchachos llevan dentro de sí todos los signos de desesperación: violencia, depresión, vulgaridad y vicio, incapacidad para contener y manejar sus propios cuerpos, para concentrarse en cualquier contenido, tendencia a la desconfianza, desfachatez, falta de interés… Y sobre todo sobre ellos cae el juicio estricto, que ellos mismos sentenciaron:

“Eres un incapaz. No vales para nada”.

El objetivo es sacarlos de esta desesperación a la que la vida los ha arrastrado. No es fácil. No siempre se tiene éxito, o más bien, no siempre se ven los resultados, pero a veces los resultados están ahí. Y cómo. Este es el caso de aquellos jóvenes que, después de meses de acompañamiento paciente, benevolencia tácita, de amor sin otra forma que la asiduidad en una presencia discreta y segura, comienzan a sentirse amados, descubren día tras día sus recursos y tratan de creer en sí mismos. Prueban y triunfan. Es una fiesta

Una niña romaní, que comienza a salir de su hipocondría y rechazo de relaciones, pregunta “¿después del examen de secundaria me dejarás rezar contigo? Sabes, yo le traigo flores a Jesús, tú también le quieres, ¿verdad?” Mientras tanto, se toca la frente con los dedos y acompaña el gesto con una expresión de dolor para indicar las espinas que lastiman la frente de Jesús. ¡Es tan guapo! y hace un gesto acariciándole la cara.

Y, sin embargo, nosotros nunca les hablamos de religión, les animamos a creer en sí mismos.

Suor Assunta Corona H.C.

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