“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”

[Provincia de Santa Luisa – Madrid] El 19 de agosto un grupo de Hermanas de la Provincia, acompañadas por Sor Antonia, Visitadora, el Padre Joaquín, Director, y Sor Rocío, Consejera, iniciamos nuestra peregrinación “Tras los pasos de Vicente”.Sor Ascensión Larrad, Hermana Sirviente de la Asociación Hispano Americana San Fernando en Neuilly-sur-Seine nos esperaba en el aeropuerto.  La acogida sencilla y cálida, nos sentimos en nuestra casa. Las Hermanas nos presentaron los diferentes servicios encomendados: Acoger, acompañar y cuidar la vida: visitas a la cárcel y a domicilio, residencia de estudiantes, centro de salud bilingüe abierto a todo tipo de personas, proyecto de jóvenes embarazadas… La alegría de sus rostros y su ánimo al explicarlo, puso de manifiesto su entrega generosa a Dios en los pobres. Terminamos la mañana con la celebración de la Eucaristía que nos ayudó a seguir en la presencia del Señor. Por la tarde, escapada rápida al centro de París, y visita a algunos de sus monumentos más significativos.

Al día siguiente la Casa Madre, Sor Magdalena, Hermana encargada de los archivos, nos esperaba y nos fue enseñando y explicando: cartas originales, actas, objetos y recuerdos desde los inicios de la Compañía hasta hoy. Todo nos invitaba a hacer una lectura en profundidad de lo que San Vicente y Santa Luisa fueron descubriendo como querer del Espíritu, introduciéndonos en un deseo de renovación vocacional desde la etapa en la que cada una nos encontramos.

La Eucaristía en la capilla de las Apariciones. Sor Kathleen, Superiora general, tuvo el precioso detalle de acompañarnos durante la Eucaristía. Agradecemos esta muestra de delicadeza. Sor Carmen Briones, Secretaria, nos explicó las diferentes estancias de la Casa Madre, tras lo cual, nos unimos a la comunidad y fieles para el rezo de vísperas.

El tercer día: Ruta Vicenciana por los lugares principales en el comienzo de la Compañía. Cada rincón nos llevaba a una escena del nacimiento y el desarrollo de nuestra historia, adentrándonos en lo que supusieron en la formación de nuestro ser Hijas de la Caridad. Por la  tarde peregrinación a Clichy, donde san Vicente fue un párroco muy feliz. Visita después al templo nacional del Sagrado Corazón, lugar de oración.

El 4° día pasamos unas horas en Taizé allí. Allí oramos y comimos con los miles de jóvenes presentes. Los jóvenes voluntarios realizan las tareas para una buena organización y funcionamiento: limpieza de espacios, elaboración y entrega de comida, preparación de la liturgia… Nos enseñaron que hay otra forma de vivir desde lo esencial, con más austeridad.

Viaje a Fain-les-Moutiers, casa natal de santa Catalina. Acogida cariñosa de las Hermanas. La Eucaristía en la pequeña capilla donde dimos gracias a Dios por todo lo recibido durante el día. Al día siguiente, peregrinación, rezando el rosario, hasta Moutiers-Saint Jean. Cada rincón de la casa familiar de Santa Catalina, despertó en nosotras un significado diferente, que pudimos compartir en la Eucaristía a través de los objetos allí presentes: la cuna, la imagen de la Virgen en la chimenea, los cubos para acarrear el agua, los zuecos de madera de la familia… Sencillez, trabajo duro, sacrificio, piedad, confianza en Dios, actitudes que forjaron el carácter y la apertura a Dios que santa Catalina demostró y que le sirvieron para ser favorecida con la visita de la Virgen de la Medalla. Fain-les-Moutiers, significa revitalizar en nuestras vidas las virtudes de la Hija de la Caridad.

5° día en la catedralde Chartres, rememoramos la peregrinación de santa Luisa. Eucaristía en la cripta, renovando el ofrecimiento de la Compañía que en su momento hizo nuestra Fundadora. Entrada en procesión, portando velas, y cantando al Dueño de nuestra vida: “En nuestra oscuridad, enciende la llama de tu amor, Señor”. Allí pusimos de nuevo a toda la Compañía a los pies de María, recordando las Asambleas que iniciaremos en breve, para que, bajo su guía, sea un verdadero paso del Espíritu y un afianzamiento de la fidelidad de la “pequeña Compañía”.

Último día Eucaristía en San Lázaro, donde reposa el cuerpo de san Vicente. Celebración de envío, en la cual, nos sentimos interpeladas por las palabras que dirigió san Vicente a santa Luisa “Vaya pues, Señorita…”. Pusimos cada uno de nuestros nombres tras esa frase y nos sentimos enviadas a la tarea que Dios nos ha pedido. El P. Bernard Schoepfer, Director general, con su gran sencillez y amabilidad tuvo la delicadeza de venir a saludarnos.

Y, con el corazón ardiendo de amor a todos los hombres, y en especial a los más pobres, que en su momento enamoraron a santa Luisa y san Vicente regresamos a Madrid. Damos gracias a Dios, al Consejo Provincial, a Sor Ascensión Larrad que tan delicadamente preparó el itinerario, a la Comunidad de Neuilly y a todas las Hermanas que han hecho posible este inmenso regalo de peregrinar a las raíces de nuestra Compañía y regresamos con este sentimiento. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.

¡Que la experiencia vivida en estos días, nos ayude a ser mejores siervas para Dios, para los pobres y para la Compañía!

Hermana participante

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