Con Palmas en las Manos

beatif.1[Provincia de Barcelona] …”estaban de pie delante del trono y en la presencia del Cordero, con vestiduras blancas, y palmas en sus manos” (Ap. 7,9)

De pie y expectantes, como siervos que esperaban a su señor… trabajadores y trabajadoras en la parcela que les tocó en suerte…; nuestros hermanos y hermanas lograron entrar por la puerta de los vencedores con las lámparas encendidas y provistas del aceite de la caridad contrastada y verificada en un servicio diaconal a sus hermanos los pobres . Ellas y ellos habían de avanzar con las palmas del apocalipsis, inhiestas y ondeantes en son de fiesta. Ellos y ellas vestían de blanco… no podía ser de otra manera porque se habían purificado en las fuentes cristalinas de la gracia de Dios.

La Iglesia celebraba en Tarragona la fiesta de la fe, gozosa como María de sentir la cercanía del Señor, y feliz de constatar la presencia de tantos hijos e hijas que “no amaron tanto su vida que temieran la muerte

En Tarragona, la Compañía recordó y revivió las palabras proféticas que Vicente de Paúl dirigía a las Hermanas y Misioneros:

“Entre vosotras hay algunas que, por la gracia de Dios, aman tanto su vocación que se harían crucificar y cortar en mil pedazos antes que consentir algo en contra de ella, pero eso no se les ha dado a todas”.(SVP, IX/1, 417)

Dios recibe honor por su detención, ya que lo han hecho por su amor; y la compañía podría sentirse dichosa si Dios la encontrase digna de darle un mártir” (Noticias sobre Fco. Le Blanc XI-2 04-55).

Los hijos e hijas de San Vicente y Santa Luisa cantaron y rezaron bajo el sol mediterráneo…; el eco llegaba como un torrente en fiesta a todos los rincones del mundo porque nos unió el gozo de sentirnos familia martirial, familia haciendo camino con nuestros Hermanos y Hermanas. La alegría reflejada en los rostros era síntoma de lo que pasaba muy dentro, en el corazón de cada uno de nosotros. El cántico del Apocalipsis dejaba de ser misterio para dar paso a expresiones festivas, de gratitud… Sin complejos, obedecíamos a su invitación porque era el momento: “Por eso estad alegres, cielos y los que moráis en sus tiendas”.

Gracias, Señor porque los llamaste, los nutriste con tu Pan y tu Palabra; gracias María porque estuviste allí como Madre recogiendo el precioso don de sus vidas.

Sor Rosa Mendoza, H.C.

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