La experiencia de la Jornada Mundial de la juventud francesa de Châlons en Champagne

châlons[Francia] Al entrar en la gran habitación dónde había aproximadamente quince personas muy impedidas, los tres jóvenes iban silenciosas.  A su lado, Ralph, de 34 años, profiere algunas palabras de explicación en inglés y continúa la visita de “la  Casa dos pobres”, una residencia para 150 pacientes dirigida por las Hermanas de San Vicente de Paúl.

Habían llegado hacía unas horas a Nova Friburgo, ciudad de 180.000 habitantes, situada entre montañas a 150 km de Río, Marie-Élise de 19 años, Armelle y Estelle de 20 años dan una vuelta por la casa dónde estarán durante la semana con otros 15  jóvenes de su diócesis.  En la gran habitación de alto techo, las abuelas sentadas en sillones ríen al ver pasar al grupo.

Dejaron la región de Châlons-en Champagne el día anterior para ir a París y después a Brasil, cuando las tres amigas entran en uno de los cuartos de terapia del Centro parecía que esto estaba ya muy lejano.  Está todo con azulejos blancos, con  alfombra de esterilla, andadores, mesas para los masajes y pelotas grandes. “Todo está limpio, las residentes parecen felices”, dice Armelle.  Para poder trabajar aquí, les dice Ralph, uno de los gerentes de “la Casa”, “hay que hacerlo con amor”.  “Aquí,  vamos a vivir la puesta en práctica de nuestra religión”, dijo Armelle que esperaba mucho de su estancia en el Centro “en medio de los pobres”.  Estelle estaba feliz  de tener la oportunidad de ver un país desde dentro.  Su hermana, Marie-Élise,  estudiante de derecho, menciona discretamente a su frágil abuela de 90 años con quien viven en Châlons.  “Esta experiencia  puede darnos la fuerza y el valor para cuidar de ella cada día”, dice Estelle.  “Las preguntas que yo me hago cuidando de mi abuela”, dice su hermana, “sobre la muerte, la vida después, me vienen aquí”.

El proyecto surgió por mediación de  Sor Claire, Hija de la Caridad.  “En 2011, después de regresar de Madrid, hablamos sobre el plan para la próxima Jornada Mundial de la Juventud  y yo sugerí ponernos  en  contacto con nuestras Hermanas brasileñas para que nos permitieran a un grupo tener una experiencia de caridad. “Aquí los  jóvenes están tan lejos de su propia situación.  El estar fuera de su experiencia diaria puede permitirles descubrirse a sí mismos.  Nuestro trabajo es ayudarles a vincular su fe, las experiencias espirituales que ellos vivirán la próxima semana con el Papa y con los peregrinos de todo el mundo, junto con la realidad de los pobres.  No es sólo un servicio humano, sino una fuente espiritual esencial.

¿Por qué ir al otro lado del mundo para hacer este descubrimiento?  “Yo no sé… responde  Clara, de 24 años.  Un poco tímida esta futura enfermera dice que ella “redescubrió su fe” en su Confirmación en mayo, pero a veces su vida diaria le impide profundizar más en su vida espiritual.  “Yo siempre tiendo a alejarme, no me atrevo involucrarme”, explica.  Ella, que “nunca se atrevió” a unirse a la Orden de Malta cuyos carteles ve en su parroquia, espera mucho de esta primera experiencia real de servicio”, sin saber exactamente cuáles serán sus frutos.  La  joven dice que se  impresionó cuando llegó a este lugar, sin esconder un poco de aprehensión.  Esto fue compartido por todos los jóvenes Marnais, la mayoría no tenía experiencia con personas disminuidas.

Como muchos vinieron aquí para “encontrarse”, “compartir”, “orar”, para prepararse a la segunda semana de “la Jornada Mundial de la Juventud”.  “Nunca se sabe lo que se recibirá al final de la “Jornada Mundial de la Juventud, les dice el Padre Pascal Boulic, sacerdote  de la comunidad de  Saint- Martin, y capellán del grupo, cuando se reunieron después del almuerzo en el césped sintético del campo de fútbol situado en el centro de “la Casa “ y continúo  “lo único que Dios os pide es que estéis abiertos a sus dones” .

Para Armelle, Marie-Élise y Estelle, sus primeras preocupaciones no duraron mucho.  Después de la visita a la casa se reunieron con el grupo en el patio central dejándose llevar por los energéticos peregrinos españoles.  En esta área, transformada en una  insólita pista de baile al aire libre, el ritmo de la música que  tocaba desde las dos, movió a bailar juntos a residentes y peregrinos.  Sor Denise, con velo blanco en la cabeza y apoyada en una barandilla, sonreía contemplando la escena. “Ellos vinieron con el espíritu de darse.  Esta experiencia puede cambiar su fe”, dice la Hermana brasileña, de 82 años, de ojos chispeantes.  “Todavía no lo saben, pero su generosidad va a cambiarlos”.

LOUP BESMOND DE SENNEVILLE

NOVA FRIBURGO (Brésil)

Periódico La Croix 18 de julio de 2013

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