X Encuentro Interprovincial de Pastoral Vocacional (Hijas de la Caridad – Paúles) «Vocación y Nueva Evangelización»

vocacion[España] Este Encuentro que se lleva a cabo cada tres años,  tuvo lugar del 4 al 6 de octubre en Madrid. En él participan Hijas de la Caridad y Misioneros Paúles representantes de todas las Provincias canónicas de España (Visitadores/as, Consejeras, Delegados/as de Pastoral con jóvenes y Vocacional) y pretende la reflexión del asunto vocacional, que tanta importancia ha adquirido desde hace algunas décadas, pues en ello nos va la vida: la vida de la Compañía de las Hijas de la Caridad y de la Congregación de la Misión. 

La mencionada oportunidad del Encuentro Interprovincial se evidencia mejor si atendemos a un significativo texto que el teólogo Edward Schillebeeckx escribió, hace ya más de treinta años: «Todo comenzó con un encuentro. Unos hombres ‒judíos de lengua aramea y quizá también griega‒ entraron en contacto con Jesús de Nazaret y se quedaron con Él. Aquel encuentro, y todo lo sucedido en la vida y en torno a la muerte de Jesús, hizo que su vida adquiriera sentido nuevo y un nuevo significado. Se sintieron renovados y comprendidos, y esta nueva identidad personal se tradujo en una solidaridad análoga con los demás, con el prójimo. El cambio de rumbo de sus vidas fue fruto de su encuentro con Jesús […] No fue un resultado de su iniciativa personal, sino algo que les sobrevino desde fuera» (E. Schillebeekx, Cristo y los cristianos. Gracia y liberación, Edcs. Cristiandad, Madrid 1982, 13).

Estas palabras condensan la experiencia vivida (desde la Vocación y la Nueva Evangelización) estos días en Madrid: encuentro con Jesucristo, que nos da una identidad personal y comunitaria nueva, plasmada en una misión común dirigida, en solidaridad (tan arraigada en el lenguaje y los gestos del actual papa Francisco), al prójimo, y en nuestro caso, como vicencianos, al prójimo más necesitado.

El día cinco se inició con la Eucaristía, invitados en la misma a no perder la sonrisa (expresión testimonial de la felicidad que hallamos al vivir como Hijas de la Caridad y Paúles) y hacer crecer-fructificar nuestro tallo vocacional. Después, unas palabras de Sor Rosa María Miró, Consejera General, que brevemente nos saludó y animó a todos los participantes, habida cuenta de los innumerables esfuerzos vocacionales que estamos realizando en nuestros  2 días, no siempre correspondidos con la eficacia que desearíamos en nuestras propuestas pastorales.  El primer ponente, Ignacio Dinnbier (jesuita del Centro Arrupe de Valencia), subrayó con acierto la importancia de lo vocacional (como contexto o «cultura» concreta), en un mundo secularizado, para que la vocación surja, se cultive y adquiera el valor que le corresponde. A partir del encuentro con Jesucristo, uno puede entender y realizar la llamada que Dios, en algún momento de su vida, le ha dirigido. Desde ahí, los diversos itinerarios vocacionales cobran pleno sentido, apuntando a una cuestión, a todas luces, central: la relevancia del sujeto vocacional (con capacidad de interioridad, de elección, gratuidad y de encuentro). El posterior diálogo mantenido con Ignacio quedó iluminado gracias a dos actitudes que deberíamos encarnar: la necesaria autocrítica en los planteamientos vocacionales y la inevitable libertad institucional centrada en el carisma, que nos empuja, con audacia, hacia un futuro construido desde el presente, sin mirar excesivamente a un pasado que, si nos descuidamos, nos puede restar flexibilidad vital.

Ya por la tarde, el P. Fernando del Castillo, C.M. de la Provincia de Madrid, párroco de la Comunidad de s. Miguel de Miramar, en Málaga, invitó al auditorio, siguiendo la estela de s. Vicente de Paúl y de sta. Luisa de Marillac, a imaginar la vocación vicenciana en la Nueva Evangelización como un cuadro de fondo oscuro (que no negro) pincelado con los colores del anuncio del Evangelio, la conversión a Jesucristo (atención a la importancia de los pobres) y la necesaria luz de la evangelización, que, en nuestro caso concreto, debería poseer unas prioridades [una oferta de calidad, profunda (con la especial intención de provocar experiencias), eficaz evangélicamente y actualizada] y unos acentos propios [orar, acompañar, proponer, «ir a la frontera», no solo acoger sino «levantarse e ir» (1 Cor 9, 1), teniendo en cuenta el importante criterio permanente del testimonio de vida]. En definitiva, debemos cobrar conciencia plena de que somos ungidos, estamos urgidos por la caridad y enviados (pues juntos somos, experimentamos, caminamos y descubrimos «odres nuevos»).

La oración-vigilia, nos permitió dirigirnos «al Dios desconocido», presente y actuante en algunas de «las calles» del itinerario de nuestro mundo: calle Emaús (encuentro y diálogo, compartir desilusiones y falta de sentido), calle Jericó (encuentro con el dolor, la marginación, desde la periferia), calle Betania (encuentro en la vida fraterna y de amistad) y calle Jerusalén (encuentro con lo más profundo, con lo verdadero, con el amor, camino de la formación y del discernimiento).

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