Reconocemos los dones de Dios, que vela por nosotras y por los niños y jóvenes pobres con discapacidad acompañados por la Unión Nacional de Organizaciones de Personas con Discapacidad en Ruanda —NUDOR: National Union of Disability Organizations in Rwanda—.
Servimos a niños con discapacidad física e intelectual. Esta organización acompaña a niños y jóvenes de 0 a 25 años en los ámbitos de la salud, la educación y la promoción social. Gracias a esta Organización, niños con discapacidad que vivían aislados, abandonados por sus propias familias y por la sociedad, han recuperado su dignidad de hijos de Dios. Reciben cuidados, estudian, descubren sus talentos y se sienten valorados por quienes los rodean.
Sus experiencias y testimonios muestran que son capaces de salir adelante en la vida cotidiana y de reclamar sus derechos cuando estos son vulnerados. Se sienten contentos y alentados al ver que otras personas con discapacidad han llegado a ocupar puestos de responsabilidad o han podido formar su propio hogar.
Cada mes, los padres de estos niños se reúnen para ahorrar una pequeña cantidad de dinero que les ayude a responder a las necesidades básicas de la familia, especialmente de los hijos con discapacidad. Cada padre aporta 3.000 francos ruandeses al mes. Cuando una desgracia afecta a una de estas familias, se visitan y se acompañan mutuamente. Esto me anima en este servicio, porque muestra que se aman como hijos de Dios.

Una vez al trimestre tenemos un encuentro con los padres. En esa ocasión les ofrecemos una formación integral. Gracias a ello, van saliendo de su aislamiento, ya que muchos hombres abandonan a sus esposas cuando dan a luz a hijos con discapacidad.
Durante las vacaciones escolares —en julio y agosto— tenemos un encuentro con los alumnos con discapacidad para acompañar su evolución. A quienes avanzan bien, los animamos; quienes encuentran más dificultades asumen compromisos para los trimestres siguientes. A pesar de las dificultades vinculadas a su discapacidad, algunos obtienen becas para estudiar en la universidad pública. Aprovechamos también estos encuentros para ofrecerles diversas formaciones, por ejemplo, sobre la reproducción o sobre la educación de los hijos en la familia. Todo comienza compartiendo la Palabra de Dios.
Los niños con discapacidad que se benefician del servicio de salud logran mejorar; algunos incluso llegan a curarse. En nuestra zona de misión, muchos niños con discapacidad padecen osteomielitis, relacionada con las condiciones de frío, pero cuando son atendidos a tiempo, se recuperan. También quienes tienen otros tipos de discapacidad, si reciben atención a tiempo, mejoran su salud.
En el ámbito social, les compramos pequeños animales de granja que les ayudan a obtener abono para sus cultivos. También les proporcionamos productos de higiene cuando es necesario. Realizamos visitas a domicilio para conocer las necesidades más urgentes de los niños con discapacidad.
Esta visita nos recuerda la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel, porque, al realizarla, intentamos descubrir el rostro de Jesús presente en estas personas tan vulnerables de nuestro mundo de hoy. Practicamos la escucha y el acompañamiento personalizado de los padres y de sus hijos. En ello constatamos que necesitan sentirse amados y escuchados con atención.
Realizamos diversas acciones con el fin de hacer oír la voz de quienes no tienen voz, a través de la campaña llamada “Dar la voz de alarma”. Llevamos a cabo esta campaña en las escuelas para pedir que se eliminen las barreras arquitectónicas; por ejemplo, suprimiendo obstáculos de acceso en los centros escolares o construyendo caminos que faciliten la entrada de los alumnos con discapacidad.
También realizamos acciones de sensibilización e incidencia ante las autoridades locales allí donde es posible. En algunas ocasiones, estas autoridades colaboran en la construcción de caminos que facilitan el desplazamiento de las personas con discapacidad, así como en la inscripción de los niños con discapacidad en el Registro Civil.
En este servicio acompañamos también a los alumnos que participan en clubes inclusivos. Estos clubes están formados por alumnos con y sin discapacidad y por profesores. Su misión es promover la defensa de los derechos de las personas con discapacidad, especialmente en las escuelas.

Por último, esta organización ofrece diversas formaciones a las personas que trabajan más de cerca con los niños y jóvenes con discapacidad, con el fin de ayudarles a realizar adecuadamente la planificación anual y los informes. Personalmente, he podido desarrollar mis conocimientos en la gestión económica, especialmente en la elaboración de la planificación narrativa y financiera y en la presentación de los informes trimestrales.
Termino dando gracias al Señor, que me permite reconocer a Jesús presente en la persona de los pobres, y a mi Provincia, que me ha confiado este servicio. Expreso también mi gratitud a esta organización, que nos ayuda a servir a Jesucristo en los pobres.
Sor Clémentine UWAMAHORO, Hija de la Caridad
Provincia de África Central

