La casa de acogida sor Rosalia Rendu
«La trata de seres humanos es una llaga en el cuerpo de la humanidad contemporánea, una llaga en la carne de Cristo» (Papa Francisco)
Desde marzo 2023, año jubilar de los 400 años de la luz de Pentecostés, el Señor nos situó providencialmente frente a un servicio arriesgado y audaz, asumimos este desafío convencidas de que la vida consagrada debe estar “allí donde la vida clama “ y nosotras asumimos el desafío de: “Ser mujeres samaritanas al borde del camino, atentas para escucha y curar las heridas”.
Iniciamos esta andadura de servicio acogiendo a una madre venezolana embarazada, de 22 años víctima de trata de personas en la modalidad de explotación sexual y cuyo bebé había sido ya vendido por la organización criminal, había vivido experiencias indescriptibles, ella presenció la muerte de una amiga quien al no resistir tanta presión se ahorcó dentro del baño, su gran sentimiento de dolor y culpa era no haber podido hacer nada por salvar a la amiga , después de tres meses de permanencia en la casa , felizmente pudo retornar a su país” en este caso pudimos coordinar este retorno con nuestras hermanas de Venezuela quienes brindaron acogida y atención a la señora y su familia., son muchas las historias de dolor que acogemos y acompañamos, estamos convencidas que Dios cuenta con nosotras para aliviar en algo el dolor de aquellas mujeres cuya dignidad ha sido totalmente vulnerada, en este lugar ellas recobran un poco de esperanza después de tanto sufrimiento, es Jesucristo, nuestro modelo de compasión y misericordia, quien nos inspira y nos impulsa a abrazar este servicio.

Acoger – Acompañar – Empoderar: a nuestras hermanas cuya dignidad ha sido pisoteada, y capacitarlas para recuperar sus vidas: esta es nuestra misión, siendo conscientes que es un servicio que implica prudencia y audacia. Acogemos casos derivados del Ministerio Publico, como el hospedero de la parábola del Buen Samaritano, tenemos la misión de “cuidar la vida herida” de nuestras hermanas que han sufrido tanto, así como de aquella joven colombiana de 22 años que llegó a casa con 12 lesiones de bala en el cuerpo: “Cuidar y acompañar es nuestra misión”.
Cada mujer es una representación viva de Cristo sufriente en medio de nosotras, la casa de acogida es un Oasis de Esperanza, es un espacio sagrado de sanación, donde, a través de una atención holística, las mujeres aprenden a creer en sí mismas, a quererse y a valorarse como creadas y amadas por Dios, lo hacemos con profundo respeto, con escucha y con misericordia, ellas son verdaderos testimonio de resiliencia, porque incluso a pesar del dolor más profundo, nunca dejan de sonreír.

Este servicio es posible gracias a la suma de muchas organizaciones: que de diversas maneras apoyaron y apoyan este servicio: RED KAWSAY (Red de la Vida Consagrada por una sociedad sin Trata – PERU) – RED INTERNACIONAL TALITHA KUM – CONGREGACION DE LA MISION- OIM- ACNUR- OUR RESCUE- MINISTERIO PUBLICO.
Las invito a tener presentes a estas mujeres en sus corazones y oraciones, y a caminar con nosotras, dondequiera que estén, en esta misión compartida de sanación, justicia y esperanza.
Que Santa Josefina Bakhita nos regale el impulso para continuar luchando por una sociedad sin trata de personas, a ella le confiamos a cada una de las mujeres que han sobrevivido a este flagelo y aquellas que aún viven en la esclavitud.

