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He aquí la Santísima Virgen, en la noche del 18 al 19 de julio de 1830.

El ser humano nunca está solo, porque Dios se le hace concretamente cercano, también a través de las apariciones de la Virgen, que cuida de los hermanos y hermanas de Jesús, recordándoles en todo tiempo: «Haced todo lo que Él os diga». En esto consiste la vida, el sentido y la realización de cada persona: hacer lo que Jesús nos dice.

Unámonos a los miles y miles de peregrinos unidos por un mismo propósito: orar en la Capilla de la Medalla Milagrosa. Nadie habla; romper ese ambiente tan impregnado de lo sagrado sería una disonancia. Hay un impulso interior que brota de aquel imperativo: «Venid al pie de este Altar».

Unamos nuestra oración a la de tantas personas en el mundo que tienen gracias que pedir, problemas que superar, la esperanza de que algo cambie… y también un profundo deseo de dar gracias a la Virgen por su protección materna.