«Sed santos, porque yo soy santo». Este fue el lema del Festival de la Juventud celebrado este año en Oziorny, un pintoresco pueblo situado junto a un lago, al norte de Kazajistán. Como cada año, también participaron en el Festival jóvenes de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Taskent, capital de Uzbekistán, donde las Hijas de la Caridad prestan su servicio desde hace seis años.
Uzbekistán está situado en Asia Central y, en el pasado, formó parte de la Unión Soviética. Aproximadamente el 99 % de sus habitantes profesa el islam, mientras que los cristianos representan alrededor del 0,01 % de la población. La misión de la Provincia de Chełmno-Poznań se encuentra a unos 5.000 kilómetros de Polonia.
El Festival de la Juventud de Oziorny se celebra ininterrumpidamente desde hace 27 años. Desde hace cinco años participan también jóvenes de Uzbekistán. En esta ocasión pudieron viajar diez jóvenes muy comprometidos con la vida de la Iglesia.

El Festival reunió a unos 230 participantes procedentes de Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Rusia, Polonia, Uruguay, Paraguay, Suecia, Corea, Francia y otros países.
Durante el encuentro, los jóvenes participaron diariamente en la Eucaristía y tuvieron la oportunidad de recibir el sacramento de la Reconciliación. También compartieron la oración de la mañana, la adoración, las conferencias y el trabajo en grupos, además de colaborar en diferentes servicios. Asimismo, peregrinaron hasta Sopka, lugar dedicado a la memoria de las personas que sufrieron la represión. Fueron días para compartir la experiencia de fe, pero también para disfrutar juntos de juegos y momentos de convivencia.
Al finalizar el Festival, permanecimos algunos días más en Kazajistán. Visitamos dos comunidades de nuestras Hermanas, en Makinsk y Shortandy, así como una comunidad de franciscanos, donde nos encontramos con voluntarios de Eslovenia y Polonia. También nos desplazamos hasta la pequeña localidad de Malinovka, situada a 35 kilómetros de la capital de Kazajistán, para visitar el Museo de Akmola, ubicado en el antiguo campo para las esposas de los llamados «enemigos de la patria» (ALZHIR).
El tiempo que Dios nos ha regalado, la alegría, las amistades y la fe compartida permanecerán durante mucho tiempo en nuestra memoria y en nuestro corazón. Concluyo con las palabras de nuestro santo Fundador, san Vicente de Paúl: «Que Dios sea glorificado por todo, mis Hermanas».
Las Hijas de la Caridad de la comunidad de Taskent



