En 2026, la Iglesia católica en Ucrania se reúne en torno al misterio del Sagrado Corazón de Jesús para contemplar su amor, reparar los pecados e implorar el don de la paz y la renovación espiritual de nuestra patria. Cada parroquia ha recibido una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que las familias acogen en sus hogares para orar juntas ante ella, de modo que el Corazón de Jesús sea glorificado en cada casa.

Nuestra comunidad en Odesa también ha recibido una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que hemos colocado en la capilla. Después de cada noche inquieta, cuando cerca de nuestra casa se oyen misiles, drones o cuando actúa la defensa antiaérea, acudimos a la capilla y, contemplando el Corazón de Jesús, decimos: Señor, Dios todopoderoso, que nos has permitido llegar a este día… Estas palabras son una expresión real de agradecimiento a la Providencia divina del Corazón de Jesús, que vela por nosotras.
La Providencia divina cuida de nosotras durante las alertas de misiles: hasta ahora, nadie ha resultado herido. Nos sostiene en la oscuridad causada por los cortes de electricidad, pues hemos recibido de nuestro obispo un generador que nos permite tener algo de luz. Vela por nosotras a través del P. Anatol Towkan, CM, que nos acompaña espiritualmente y nos apoya con ayuda humanitaria para nosotras y para los Pobres. Experimentamos también su cuidado a través de personas que llegan inesperadamente y ofrecen ayuda material a los Pobres. Como, por ejemplo, el padre Michael, que vino desde Estados Unidos para visitar y apoyar nuestro servicio, o el señor Eugeniusz, de Odesa, que llenó el depósito de nuestro coche cuando subieron los precios del combustible y prometió seguir ayudándonos para que podamos llegar hasta los Pobres. En este tiempo difícil, la Providencia ha puesto en nuestro camino a personas buenas con quienes colaboramos. Ellas desean conocer nuestro carisma, encarnarlo en su propia vida y compartirlo con los Pobres.
Por eso contemplamos con admiración el cuidado de la Providencia de Dios sobre nosotras. Procuramos vivir en gratitud y permanecer fieles. Como escribía santa Luisa de Marillac:
«No temamos el futuro; esforcémonos solamente en fortalecernos en el santo amor, que es la fuente de la confianza en la Providencia de Dios».




