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Beata Margarita Rutan

  • Guillotinada el 9 de abril de 1794 en Dax
  • Beatificada el 19 de junio de 2011
  • Día de su fiesta litúrgica – 26 de junio

Sor Margarita Rutan, nacida en Metz el 23 de abril de 1736, entró en las Hijas de la Caridad en 1757. Después de haber adquirido una gran experiencia en el cuidado de los enfermos en varios hospitales, en 1779 llega al hospital San-Eutrope de Dax.

En este nuevo hospital, apenas acabado, Sor Margarita organiza el trabajo, prevé las planificaciones necesarias, hace construir la capilla. Pero sobre todo, dedica toda su atención a los enfermos, a los niños abandonados. Comparte con seis Hermanas alegrías, penas y cansancios.

La Revolución lleva al hospital a un nuevo director adepto a las ideas nuevas, después un capellán juramentado. Las Hermanas se niegan a asistir a su misa. Siguen, a pesar de las dificultades, su trabajo cerca de los enfermos y de los soldados heridos.

Como en Angers, les es exigido el juramento de Libertad-igualdad. Después de una reflexión comunitaria, rechazan esa petición, conscientes de las consecuencias posibles.

Los miembros del comité revolucionario que quieren alejar a la Superiora de sus Hermanas, buscan un motivo para arrestarla, un falso testimonio permite decir que Sor Margarita es incívica, una fanática que niega los principios de la revolución, que intenta llevar a los soldados heridos a desertar y a unirse al ejército realista de la Vandé.

El 24 de diciembre de 1793, Nochebuena, Sor Marguerite es arrestada. En el silencio de su celda, celebra el nacimiento del Salvador. Las semanas pasan. Algunas noticias llegan: la guillotina ha sido instalada en la plaza Poyanne, no lejos de la prisión. Cinco Hermanas del hospital fueron encarceladas el 19 de febrero. Sor Mónica, la sexta Hermana, por intimidación de los Revolucionarios se queda en el lugar para continuar con el servicio a los enfermos.

El 9 de abril, Sor Margarita Rutan es juzgada y condenada a muerte. La ejecución de la sentencia es inmediata. Encadenada espalda contra espalda con el abad Lannelongue, que comparte su suerte, Margarita, influida por una fuerza que la supera, se acerca dignamente al pie de la guillotina, confiando a María su entrada en la vida eterna.

Las cinco Hermanas encarceladas fueron liberadas al final del año 1794 y tres de ellas pudieron reanudar su servicio a los enfermos del hospital.