En nuestro mundo, en el que parece haberse perdido el rastro de Dios, es urgente un audaz testimonio profético por parte de las personas consagradas. Un testimonio ante todo de la afirmación de la primacía de Dios y de los bienes futuros, como se desprende del seguimiento y de la imitación de Cristo casto, pobre y obediente, totalmente entregado a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas. La fidelidad al propio carisma conduce a las personas consagradas a dar por doquier un testimonio cualificado, con la lealtad del profeta que no teme arriesgar incluso la propia vida. (Vita Consecrata 85)
LA PASCUA SE VIVE
Cristo ha resucitado. Y esa es la noticia que lo cambia todo. En medio de un mundo herido por la guerra, el miedo, la violencia y la incertidumbre, este tiempo pascual nos recuerda que la noche no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y que la vida nueva […]







