En este tiempo, mientras los vientos gélidos de la guerra y de la opresión aún siguen soplando, y presenciamos a menudo fenómenos de polarización, como Iglesia hemos comenzado un proceso sinodal. Sentimos la urgencia de caminar juntos cultivando las dimensiones de la escucha, de la participación y del compartir. Junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad queremos contribuir a edificar la familia humana, a curar sus heridas y a proyectarla hacia un futuro mejor.
La paz de Cristo resucitado para ser artesanas de paz y esperanza
“Meditar este texto nos sumerge en el misterio de la encarnación. Dios vino a la tierra en medio de los más pobres, de los pobres de espíritu. Desde su nacimiento se une a toda la humanidad, no solo a la de ayer sino también a la de hoy, mientras hombres, mujeres y niños lloran en […]






